¿Cómo se construyó el colosal Estadio Azteca?

El “Coloso de Santa Úrsula”,

uno de los nombres con que se conoce al Estadio Azteca, es ícono y referencia obligada de todo el que vive o ha visitado el Distrito Federal. Probablemente es el estadio más famoso del país, e incluso quien no lo ha visto en vivo —o siquiera en una fotografía—, seguramente lo reconoce gracias a la televisión, ya que no sólo es la casa del club de futbol América, sino que es la sede oficial de la Selección Mexicana de futbol en sus partidos internacionales. El estadio ha sido escenario de eventos de toda índole, desde conciertos y reuniones de corte religioso hasta sede —por varios años— de los exámenes de ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México.

El Estadio Azteca se localiza en la delegación Coyoacán, al sur del Distrito Federal, en terrenos que antaño pertenecían al pueblo de Santa Úrsula Coapa. Su construcción inició en 1962 con la colocación de la primera piedra por parte del entonces presidente de México, Adolfo López Mateos, y el presidente de la Federación Internacional de Futbol Asociación —FIFA—, Stanley Rous, y se terminó en 1966. La edificación del inmueble formó parte del proyecto, formulado por Emilio Azcárraga, para que Telesistema Mexicano incursionara en el futbol mexicano, proyecto que tenía su punto de arranque en la compra del club América y que, como segundo paso, buscaba darle una casa espectacular al equipo.

Pedro Ramírez Vázquez —creador, entre otras obras, del Museo Nacional de Antropología y de la nueva Basílica de Guadalupe— y Rafael Mijares fueron los arquitectos responsables de realizar el proyecto y dirigir la construcción del estadio, el cual se encuentra en un terreno de 64,000 metros cuadrados de suelo rocoso, producto de la última erupción del volcán Xitle. Por el tipo de terreno, la construcción del estadio no fue sencilla, al no poderse levantar estructura alguna sobre un suelo movedizo; por tanto, se decidió dinamitar la superficie hasta encontrar una parte más firme para asentar los cimientos.

En agosto de 1962 se desalojaron 180,000 toneladas de roca del volcán en una superficie total de 63,590 metros cuadrados.

Ya modificado el terreno, en enero de 1963 se hicieron pruebas de cimentación mediante el estudio del subsuelo a través de perforaciones, tarea encomendada al sueco Per Anders Hedar. Desde su inicio, la magnitud de la obra generó un número importante de empleos, facultad que todavía hoy asiste al estadio debido a la necesidad de brindarle un mantenimiento constante al inmueble en su conjunto, desde los palcos hasta el pasto de la cancha. En su construcción intervinieron diez arquitectos, treinta y cuatro ingenieros, quince técnicos y ochocientos obreros.

Los materiales utilizados se eligieron pensando en la mayor durabilidad de la obra, su resistencia y soporte. Después de cuantiosas pruebas se eligieron varillas de alta resistencia, concreto y acero laminado, ocupándose 8,000 toneladas de varilla para la estructura de concreto y 1,200 toneladas de acero laminado en perfil para la construcción de la cubierta. Se considera que el peso aproximado del concreto empleado para la construcción del estadio es de 100,000 toneladas.

Conviene indicar que el concreto ha cambiado mucho con respecto al ocupado en la década de 1960: su calidad, resistencia y durabilidad han mejorado notablemente, quedando atrás el límite de cincuenta años de vida útil estimado para las grandes construcciones de mediados del siglo XX, tal vez un poco más dependiendo de las condiciones climáticas del lugar donde se encuentre el inmueble y de la ejecución de un mantenimiento constante. A pesar de ello, por su importancia y por pertenecer a una de las principales televisoras del país, el estadio Azteca se encuentra en muy buenas condiciones hoy en día.

El estadio que se convertiría en una de las principales construcciones de la capital, y en uno de los recintos deportivos y de espectáculos más importante del país, debía estar perfectamente planeado para evitar inconvenientes en caso de que el clima fuera poco favorable para un evento masivo. En consecuencia, su cancha —de 68 metros de ancho por 105 metros de largo— se ubicó en desnivel, a 9.50 metros por debajo de la calle, y cuenta con un sistema de drenaje muy efectivo, el cual evita encharcamientos y permite llevar a cabo partidos de futbol en cuestión de minutos después de una fuerte lluvia.

Además de los beneficios anteriormente mencionados, la orientación del estadio —en dirección norte – sur, con una ligera inclinación al oriente— impide que el sol afecte a los jugadores durante un partido. Por otro lado, el diseño del techo —volado, sin columnas—, sumado a la distribución de palcos y gradas en general, permiten que la visibilidad sea de la mejor calidad para todos los espectadores tanto en el día como durante la noche, debido esto último al empleo de un moderno sistema de iluminación de alta tecnología.

Entre las características que tornan único al Estadio Azteca, obra maestra del concreto, se encuentran sus accesos y salidas por vías rápidas; la inmejorable visibilidad a la cancha desde cualquier punto de los palcos, las plateas o las gradas; sus 856 palcos privados con antepalcos, sanitarios independientes y estacionamiento privado. Por si fuera poco, ofrece también los mejores servicios y condiciones para los jugadores, así como dos pantallas gigantes —de 16 metros de largo por 9 metros de ancho—, las más grandes y modernas entre los estadios mexicanos.

Para la Copa del Mundo organizada por México en 1986 se tuvieron que efectuar algunas modificaciones, solicitadas por la FIFA, cuyos directivos pidieron un palco para el organismo rector del futbol mundial, la delimitación de lugares para los medios de comunicación nacionales e internacionales, la ampliación del número de butacas, el mejoramiento de las medidas de seguridad para el ingreso y desalojo de aficionados, la optimización del área de estacionamiento, el levantamiento de un muro protector alrededor del estadio, y la instalación de puertas de seguridad para ingresar a la cancha, entre otras cosas, lo que implicó una remodelación a fondo del estadio.

En una obra como ésta, en la que se reúnen grandes cantidades de gente, es necesario pensar en la seguridad de los concurrentes en caso de un temblor, un incendio, o en cualquier otro tipo de emergencia. Gracias al diseño de sus salidas, se estima que el tiempo de desalojo total del inmueble es de veinte minutos, aproximadamente.

El Estadio Azteca, por su capacidad e infraestructura, es considerado como uno de los más importantes del mundo. Actualmente tiene un aforo de 105,000 espectadores cómodamente sentados, además de contar con una zona especial para personas con discapacidad.

La vinculación del estadio con la gente se dio desde el momento que se eligió el nombre para el recinto, al convocarse a un concurso en el que se proponían varias opciones para designar al inmueble. El nombre que recibió más votos por correo, de parte de los aficionados de todo el país, fue “Azteca”, propuesto por Antonio Vázquez Torres, de León, Guanajuato, quien obtuvo como premio dos asientos de platea durante 99 años. En 1997, Televisa intentó cambiar oficialmente el nombre del estadio por el de “Guillermo Cañedo”, en honor a uno de los ejecutivos de la empresa. No obstante, la gente siguió llamándolo “Azteca”, y la televisora se vio obligada a restituir el nombre original.

Entre los acontecimientos más importantes que ha albergado el Estadio Azteca figuran los mundiales de 1970 y 1986, cuyas finales se jugaron en su cancha, siendo el único estadio en el mundo que ha albergado partidos de tal magnitud en dos ocasiones. El Azteca no sólo ha sido casa del club América y de la Selección Nacional de futbol, sino también de los clubes Necaxa, Cruz Azul y Atlante, que poseen ya estadios propios. En el Azteca han tenido lugar partidos de futbol americano profesional —American Bowl 1994, 1997,1998 y 2000—, campeonatos mundiales de boxeo, los Juegos Olímpicos en 1968, la Copa del Mundo de futbol femenil en 1971, los Juegos Panamericanos en 1975, el Mundial Juvenil en 1983, y la Copa FIFA Confederaciones en 1999.

El deporte no es la única actividad que ha tenido lugar en la cancha del Estadio Azteca: los espectáculos también la han ocupado como recinto. Por ejemplo, ha presenciado conciertos de artistas como Elton John, Michael Jackson y Gloria Stefan, cierres de telenovelas de Televisa, e incluso fue escenario de una de las visitas del papa Juan Pablo II, que fue transmitida a un vasto teleauditorio por la empresa dueña del estadio mediante un enlace satelital a gran parte del planeta.

El Estadio Azteca es símbolo del deporte más popular del país, el futbol, y ha sido sede de hechos transmitidos a miles de personas, en cuya memoria sobreviven. Es por esto que el Azteca es uno de los emblemas capitalinos más famosos, pues a pesar de existir otros recintos —como el Palacio de los Deportes, el Foro Sol o el Auditorio Nacional— que han albergado eventos masivos y espectáculos de todo tipo, el Estadio Azteca sigue siendo una de las construcciones más reconocidas del país cuya fama trasciende fronteras, mientras su magnífica edificación enfrenta con éxito el paso del tiempo.

Por Ana Silvia Rábago, en el Especial Concreto, edición 20 de Revista Vector.

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