¿Cómo y cuándo es que nacieron los rascacielos?

El acero engendró al rascacielos

El empleo de acero barato como material de construcción se hizo posible gracias a los inventos de las décadas de 1850 y 1860, pero gran parte de los producción fue absorbida por los ferrocarriles porque las vías de acero duraban mucho más que las de hierro; para otros fines se prefería a menudo el hierro forjado, por ser más homogéneo y corriente. Hasta 1887, la Junta Británica de Comercio no autorizó el uso del acero en la construcción de puentes; sin embargo, los procedimientos generados por los alemanes Bessemer y Siemens permitieron disponer de grandes lingotes que podían ser laminados en la forma deseada: la viga en doble T, de perfil muy resistente. Entre 1882 y 1889 se emplearon 50,000 toneladas de acero en la construcción del puente de Forth, lo que estableció firmemente el comienzo de la fabricación y venta de vigas de acero laminado en Inglaterra por Dorman Long y otras firmas.

Mientras tanto, los Estados Unidos no sólo habían tomado ya la delantera en la producción de acero barato, sino que desarrollaron su uso para un nuevo tipo de edificio, con lo que el acero engendró el rascacielos. El principal incentivo para ello fue el rápido aumento del valor del suelo en las congestionadas zonas centrales de ciudades en pleno auge, como Nueva York y Chicago.

El camino para el surgimiento de los rascacielos había sido allanado por la moda de la casa con ascensor, surgida después de que E. G. Otis eliminara —en 1854— los peligros que involucraba el ascensor hidráulico para personas, al dotar a la cabina de trinquetes, los cuales se engranaban a unos resortes con muescas a los lados del pozo del ascensor en el momento en que se rompía el cable, evitando así el desplome abrupto del mismo y, por supuesto, la muerte segura de sus ocupantes. Ni estos primeros edificios, ni los aún más altos que les seguirían, habrían atraído una clientela suficiente de incansables trepadores de escaleras a no ser por el ascensor.

Al comienzo, el nuevo tipo de estructura tenía suelos de hierro forjado y fachadas de hierro colado —cuyas distintas partes eran prefabricadas—, pero se cargaban sobre muros de mampostería que requerían un aumento en el espesor de la base, en proporción con la altura. De este modo podían levantarse hasta catorce pisos, como en el caso del edificio construido por Pulitzer para el New York World en 1890, cuya planta baja —donde el espacio se valoraba más— tenía muros de casi tres metros de espesor. En cambio, una estructura totalmente de acero no tenía tales limitaciones: podían levantarse columnas de acero virtualmente hasta cualquier altura, asentadas sobre una base segura y sin ningún aumento de tamaño en la base. Tales columnas, unidas en cada piso por vigas de acero, sostenían todo el peso del edificio, de modo que la función de los muros se reducía a dar cobijo y aislamiento.

Aunque se utilizaron vigas de acero en los pisos superiores de un edificio de oficinas con estructura de hierro construido en Chicago en 1884, la primera estructura completa de acero se levantó en 1890, también en Chicago, a la cual siguió el templo masónico de la misma ciudad —de veintiún pisos—, construido en 1892 y descrito como el mayor edificio del mundo, una de sus siete maravillas, mismo que marcó el inicio de una nueva era.

La erección del primer rascacielos de Nueva York en 1894 ilustró dos grandes dificultades de este tipo de edificios: los cimientos tenían que ser excavados hasta quince metros bajo tierra, utilizando cajones que luego se rellenarían de concreto, y la estructura tenía que ser arriostrada con piezas de metal suplementarias para resistir los vientos fuertes. A finales del siglo XIX, Nueva York había eclipsado a Chicago con veintinueve rascacielos contra dieciséis y una altura máxima de 118 metros frente a los 91.5 metros de altura máxima lograda en Chicago. En tanto, las ciudades de Europa no tenían tales siluetas: durante la década de 1890, Inglaterra aplicó el acero sólo, y aún escasamente, en la construcción industrial. Un almacén de West Hartlepool, construido en 1896, es el primer ejemplo inglés de una estructura completa de acero, pero pasó más de otra década antes de que la Ley de Edificación de Londres reconociera que el espesor de las paredes exteriores podía ser reducido sin peligro al ser posible insertarlas por partes en una estructura que soportara toda la carga.

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