La participación de la ingeniería civil en la infraestructura del agua

Se ha establecido con precisión que los problemas del agua en nuestro país se han venido agravando con el tiempo y que, en este momento, existen serios conflictos por su aprovechamiento entre las diversas regiones y dentro de cada región entre los aspirantes a aprovecharla para diferentes usos, como el agrícola, urbano industrial y generación de energía, entre otros.

Considero que para hacer un aprovechamiento eficiente del agua y una distribución equitativa entre todo tipo de regiones y de usuarios, es indispensable contar con información suficiente sobre su disponibilidad. Este ha sido un problema generalizado en el país, tanto para las aguas superficiales como para las subterráneas. En gran parte de las cuencas, pero sobre todo en el centro y norte del país, las aguas superficiales se han concesionado más allá de los escurrimientos disponibles en los ríos. Por la misma razón, un gran número de acuíferos están sobreexplotados.

Ejemplos preocupantes son la concesión de las aguas de río San Juan para abastecer a la ciudad de Monterrey, sabiendo que ya estaban sobre concesionadas y que sistemáticamente se les habían negado caudales adicionales a los agricultores, sobre todo a los de Tamaulipas. Este conflicto será más grave en los años en que las precipitaciones pluviales sean escasas.

En aguas subterráneas los ejemplos son patéticos. Por mencionar sólo uno, a pesar de que desde hace más de 60 años se conoce el problema de los hundimientos e la ciudad de México como consecuencia de la sobreexplotación de los acuíferos y la consolidación de las arcillas del subsuelo, todavía en la década de los años setenta se perforaron pozos en el norte del Valle, aumentando la sobreexplotación en un 50% – 13 metros cúbicos / segundo -, con el argumento de que en cuanto entraran las aguas del sistema Cutzamala, se suspendería la operación de los pozos. Esto nunca sucedió y las consecuencias se irán agravando con el tiempo, tanto en lo que se refiere al comportamiento de los suelos como en lo relacionado con el deterioro de la calidad de las aguas subterráneas.

Esta sobreexplotación, que no es otra cosa que un sobre concesionamiento de las aguas subterráneas, es alarmante en todo el Bajío – Aguascalientes, Celaya, León, Salamanca,

Irapuato, Querétaro – y en un plazo no muy lejano hará crisis.

Este es un campo de acción importante en el futuro para los ingenieros civiles, ya sea para los que se dediquen a la hidrología superficial como a la geohidrología.

Quiero destacar que la administración del agua es una tarea para ingenieros civiles, no para contadores, licenciados en derecho o en economía, porque su principal componente es técnico y científico. Actualmente parece importarle más al gobierno el que los usuarios del agua paguen al fisco por cada metro cúbico de agua que aprovechen, más que el cuidado de los bancos hídricos de las cuencas, visión de una miopía extrema. Es claro y justo que se pague por el uso del agua, pero no es el objetivo fundamental de su administración.

Una vez que se tenga información sobre la disponibilidad real del agua en cada cuenca y en cada acuífero, la siguiente y fundamental etapa en el proceso es la planeación del aprovechamiento de los recursos disponibles.

Haré algunos comentarios sobre el uso del agua en la agricultura de riego. A partir de los acuerdos de Washington y de los Tratados de Libre Comercio, se han elaborado documentos en los bancos internacionales de desarrollo, que cuestionan la aplicación de recursos para la construcción de presas y sus zonas de riego, lo que ha conducido a que el gobierno adopte una política de no ampliar la superficie agrícola de riego.

Esto ha conducido a que importemos granos para el consumo humano y animal en cantidades crecientes. Desde que se adoptó esta política, la importación de alimentos aumentó en los últimos 10 años de 1,700 millones de dólares a 11,500 millones de dólares, es decir, una salida adicional de divisas de 9, 800 millones de dólares. Es ampliamente conocido que los granos que vienen de Estados Unidos de América tienen gigantescos subsidios gubernamentales a sus agricultores y que con ello mantienen su independencia alimentaria y además, logran una balanza comercial en granos muy favorable a ese país.

Si una parte importante del ingreso de divisas al país proviene de la exportación del petróleo y de las remesas de los trabajadores legales o ilegales en Estados Unidos, puede afirmarse que estamos comprando granos importados con petróleo y con dichas remesas.

Ante una insuficiencia de divisas, estaríamos en riesgo de no poder importar los alimentos indispensables para nuestra población. Ello me conduce alas siguientes preguntas: ¿cuántas hectáreas de riego podríamos abrir con esos casi 10,000 millones de dólares anuales que pagamos por la importación de alimentos? ¿Cuántos mexicanos tendrían trabajo productivo en el campo sin tener que venir a sumarse a los cinturones de pobreza y de inseguridad de nuestras ciudades?¿Cuántos agricultores dejarían de emigrar a Estados Unidos en busca del más elemental sustento, manteniendo así la mayor riqueza de nuestro país que son sus hombres?

Ojalá me convencieran los argumentos de baja rentabilidad que esgrimen los bancos de desarrollo para negarse a financiar proyectos hidroagrícolas, pero más bien me parece

que atienden intereses de políticas económicas inteligentes de los países exportadores. Por ello hace muchos años que prácticamente no se construyen presas importantes para almacenamiento y control de avenidas y sus distritos de riego anexos.

Creo que en un futuro no muy lejano tendremos que retomar el crecimiento de la superficie agrícola bajo riego en el país y rehabilitar la que actualmente se está deteriorando en forma acelerada. Éste fue, y a mi juicio lo será nuevamente, un campo de gran atractivo profesional para los ingenieros civiles, que gozan de un gran prestigio a nivel nacional e internacional.

Es cierto que en algunas zonas de riego cercanas a las grandes ciudades que tienen necesidad creciente de suministro de agua potable, ya no es posible incrementar las superficies de riego e inclusive será necesario hacer un uso más eficiente del agua en el riego para liberar volúmenes para las ciudades. Pero esta situación no es general.

Permítanme comentarles el caso de la ciudad de Chihuahua. Se abastece fundamentalmente de agua subterránea de acuíferos ya no tan cercanos a la ciudad que se encuentran sobreexplotados. Por ello, tendrá que acudir a las aguas superficiales del río Conchos, las cuales son aprovechadas básicamente para la agricultura. Éste es un caso clásico, sin discusión. Es necesario hacer un uso eficiente del agua en el riego para liberar volúmenes para la ciudad.

Pero simultáneamente apareció la prolongada sequía en el río Bravo, cuyos escurrimientos están incluidos en el Tratado Internacional de Límites y Aguas con los Estados Unidos de América.

El gobierno está aplicando inversiones para lograr la reducción de las láminas de riego en la agricultura en el estado de Chihuahua, pero el objetivo es poder cumplir los compromisos internacionales para que los agricultores estado- unidenses cuenten con los volúmenes comprometidos. Creo que es correcto, pero sólo parcialmente. El ahorro del agua debe tener ese objetivo, pero de igual o mayor importancia es el abastecimiento de la ciudad de Chihuahua, ya que utiliza fundamentalmente para el consumo humano, que en la legislación derogada hace algunos años tenía prioridad sobre cualquier otro uso. Creo que debe aparecer nuevamente un orden de prelaciones de los usos del agua en la Nueva Ley de Aguas Nacionales.

Igual situación se presenta en el caso del abastecimiento de la ciudad de Tijuana, que tendrá que acudir a los volúmenes de agua que actualmente se utilizan para riego en el Distrito de Mexicali.

Hermosillo tendrá que buscar las aguas subterráneas actualmente utilizadas en riego en el Distrito de la Costa de Hermosillo o acudir a la de- salación de aguas de mar o de acuíferos salobres.

Saltillo no tiene ningún Distrito de Riego cercano. Ahí el gran reto será el uso eficiente del agua dentro de la ciudad y eventualmente, el aprovechamiento de acuíferos a mayor distancia, o finalmente la recarga de acuíferos con aguas residuales con un tratamiento muy completo para su aprovecha- miento en el consumo humano. Técnicamente es

factible, económicamente no es barato, social y culturalmente es un gran reto.

Pero puede afirmarse, por ejemplo, que Culiacán, Ciudad Obregón, Mochis, etc., no tienen una competencia feroz con los Distritos de Riego cercanos. Las demandas urbanas son relativamente pequeñas en comparación con los escurrimientos de los ríos. El mismo caso se presenta en las localidades urbanas de la planicie costera de Nayarit, Veracruz, Tabasco, Campeche, Guerrero, Oaxaca y Chiapas. En algunos
de estos lugares, entre otros, la frontera agrícola de riego y de temporal puede crecer en forma importante.

Quiero vincular ahora mis comentarios sobre la disponibilidad o escasez de las fuentes de abastecimiento y los usos urbanos del agua. Serán pocos
los grandes y medianos centros urbanos que

tengan fuentes de abastecimiento cercanas. Esto significa que significa que será necesario planear, estudiar, diseñar, construir y operar nuevos sistemas de abastecimiento de agua potable, con grandes acueductos y eventualmente grandes plantas de bombeo, como son, entre otros muchos, los casos de México, Monterrey, Tijuana, León y Guadalajara.

Si se aprovechan aguas superficiales se necesitarán importantes presas de almacenamiento y plantas potabilizadoras, además del crecimiento acelerado de las redes de distribución y los sistemas de regulación y almacenamiento – tanques- dentro de las urbes.

Esto ya está demandando un número creciente de ingenieros civiles que participen en las diferentes etapas de planeación, aunque no sólo de las obras de infraestructura, sino también de sus costos y financiamientos, los estudios básicos de ingeniería como son los topográficos, geotécnicos. Hidráulicos, geofísicos, geohidrológicos, ambientales, electromecánicos, de tenencia de la tierra, etc.; los diseños de las obras tales como cimentaciones, estructuras metálicas y de concreto, acueductos, presas de almacenamiento, presas derivadas, obras de toma en los ríos, pozos profundos, plantas de bombeo, plantas potabilizadoras, etc.; la programación y presupuestación de las obras, la celebración de licitaciones públicas, la consecución de financiamientos nacionales e internacionales, la supervisión de la construcción, la gerencia de proyectos, la operación, la conservación y el mantenimiento.

Del libro “¿Creceremos sin ingeniería civil” Universidad Iberoamericana. Ciudad de México.

Luis F. Robledo Cabello

Ingeniero Civil

Junio 2015

Revista 78

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