Ruth Rivera Marin

Desde la infancia entre andamios

Hasta bien entrado el siglo XX, la ingeniería y la arquitectura fueron profesiones ejercidas exclusivamente por hombres. En su momento, era impensable que una mujer se dedicara a la construcción y la planeación. A la postre, sin embargo, las mujeres han demostrado su capacidad para dedicarse a dichas labores, y un ejemplo temprano de ello lo dio en México Ruth Rivera Marín.

Ruth nació en 1927 en la Ciudad de México, hija de la escritora Guadalupe Marín 1895/1983— y del pintor muralista Diego Rivera—1886/1957—. Es fácil imaginar que el pensamiento liberal de sus padres fue determinante en la clase de educación que recibió, a propósito de la cual su hermana Guadalupe recuerda:

Cuando mi hermana y yo éramos niñas nos vestían de overol con una camisita azul marino con puntos blancos, un paliacatito y zapatos mineros. Nos regalaba mecanos y materiales para construir cosas. Éramos como obreritas.

Este acercamiento infantil a la edificación posiblemente sembró en Ruth el interés por lo que mucho más tarde se convertiría en su actividad profesional, la que, por cierto, nunca separó de su amor por la pintura, una pasión que la acompañaría durante toda su vida, y que tal vez tuvo que ver, al menos en parte, con su decisión de casarse con el pintor zacatecano Rafael Coronel. Lo que es seguro, en todo caso, fue que su involucramiento con el arte, al lado de su familia y posteriormente con su marido, su participación en la creación de pinturas y, sobre todo, de murales —en ocasiones como modelo, pero con mayor frecuencia como asistente—, ese estar entre andamios desde que era una niña, fue lo que la llevó a ser la primera mujer en ingresar a la carrera de ingeniería en la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura —ESIA— del Instituto Politécnico Nacional. Es importante señalar que el nombre de la carrera en la que se matriculó Rivera Medina era —y sigue siendo— de ingeniero arquitecto, tal y como quedó estipulado por la Ley de Instrucción Pública decretada en 1893. El nombre refleja la unión que se deseaba lograr entre ambas profesiones —lo estético sumado a lo técnico—, aunque su trabajo se inclinaría un poco más hacia la arquitectura. En 1950 egresó de la ESIA y recibió su cédula profesional en 1958.

El compromiso con su profesión la hizo regresar a su alma máter en calidad de docente, además de lo cual se dedicó a difundir e impulsar proyectos que dieron reconocimiento a la construcción en México. R Ruth, una mujer sumamente inquieta, curiosa e insaciable en su afán conocimientos, también realizó estudios

de literatura y antropología.

A partir de 1946 se dedicó a dar clases en secundaria, bachillerato y universidad; además, impartió cátedra en la Normal Superior, en la Escuela de Pintura y Escultura y en la Escuela de Diseño y Artesanías, las dos últimas pertenecientes al Instituto Nacional de Bellas Artes —INBA—. Ruth encontró la forma de hacer compatible la docencia con sus trabajos de dirección: fue jefa del Departamento de Arquitectura y miembro del Consejo Técnico del INBA, desde donde se desempeñó como una incansable impulsora de la difusión y de la protección del patrimonio artístico de nuestro país. En 1957 se adscribió al Consejo Intersecretarial para la protección de la pintura mural.

Como ingeniera arquitecta participó en los proyectos para la construcción del Centro Médico Nacional en 1961 y colaboró con Pedro Ramírez Vázquez en la elaboración del proyecto arquitectónico del Museo de Arte Moderno, en 1964. En 1968, en colaboración con Vladimir Kaspé, organizó —en el marco de la Olimpiada Cultural— el I Encuentro Mundial de Jóvenes Arquitectos, con el objetivo de interesar a los jóvenes en dicha actividad.

Rivera Marín fue miembro del Colegio de Arquitectos, de la Sociedad de Arquitectos Mexicanos y de la Asociación Mexicana de Críticos de Arte, presidenta de la Union Internationale des Femmes Architectes y vicepresidenta de Arquitectas Mexicanas; asimismo, formó parte del Subcomité de Museos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura “UNESCO”. Entre sus últimas participaciones se cuenta la organización de la exposición El objeto cotidiano del arte, instalada en el Museo de Arte Moderno.

Ruth Rivera Marín también dejó un legado de trabajos teóricos en torno a la construcción; muestra de ello son artículos y libros como Meditaciones ante una crisis formal de la arquitectura, Treinta años de funcionalismo en la ESIA, Urbanismo y planificación en México, Anahuacalli y Arquitectura viva japonesa. En 1960 impulsó la publicación de los Cuadernos de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico, del departamento de arquitectura del INBA.

La primera ingeniera arquitecta mexicana tuvo, por desgracia, una vida muy corta, pues murió a la edad de 42 años de edad. Ruth falleció en 15 de diciembre de 1969, dejando inconclusos algunos proyectos de construcción como el Museo Casa Diego Rivera en Guanajuato y el Museo de Arte Monumental de México.

Rivera Marín actuó con gran libertad e ingenio, tanto en la arquitectura como en la ingeniería, y se distinguió por su afán de recuperar lo propio y reflejarlo en su obra. Si hoy el campo de la ingeniería ya no es coto vedado para las mujeres, es algo que debe agradecerse a mujeres como ella, a su participación incansable y a su ejemplo en una profesión que se pensaba exclusiva del género masculino.

Enero 2014

Revista 61

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