LOS PRIMEROS AÑOS

Raymundo Rivera Villarreal nació en Monterrey, N.L. el 20 de febrero de 1929. Fue el octavo de diez hijos del matrimonio formado por don Julio Rivera de la Cruz, un exitoso tenedor de libros de la ciudad de Monterrey y de la señora Amanda Villarreal Villarreal.

Su infancia se desarrolló como la de muchos regiomontanos. Estudiaba duro en el año pero al llegar las vacaciones de verano trabajaba.
Desde niño, Raymundo Rivera
supo que el trabajo arduo y constante embellece la vida del hombre.

ESTUDIANTE

Estudió la educación primaria en el Colegio Morelos de su ciudad natal, en donde fue reconocido como el mejor estudiante de toda la escuela en aquel tiempo. La educación secundaria la hizo en la Escuela Secundaria Número Uno y la preparatoria en la Escuela de Bachilleres de la Universidad de Nuevo León.

Ingresó en la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad
de Nuevo León en 1945 y decía “se abrió ante él un universo maravilloso”: Podía aprender a aprender. Aprender a enseñar. Aprender a supervisar a los que
buscan aprender. Orientar a
los que ya habían aprendido y adicionalmente, desarrollar sus vocaciones creativas, organizativas, didácticas y deportivas.

Escaseaban los maestros universitarios. Esa es explicación del por qué Raymundo Rivera daba clases a los alumnos de un grado inferior al que el estudiaba. Por supuesto no era el único caso, pero si uno de los más destacados, pues el joven estudiante – maestro lo hacía con una pasión que llamaba la atención a propios y extraños.
Su secreto – confesó alguna vez a sus compañeros de generación – es que disfrutaba hacerlo. Vivió con intensidad esa época estudiantil. Cada escalón que ascendía en sus conocimientos le mostraba panoramas adicionales diferentes y más amplios, que despertaban su fértil imaginación. Su mente creaba, diseñaba y construía estados de excelencia. Soñaba con un mundo funcionando a la perfección, con todos sus elementos

calculados y un sistema de verificación de calidad para cada uno de ellos.

Bordeaba las dos décadas de vida y sentía que el mundo se podía conquistar desde las aulas universitarias, su juventud no era impedimento, al contrario lo último que importaba era la edad. Sabía que los veinte años son la infancia de la juventud, los cuarenta la juventud, y los sesenta la juventud de la vejez cuando se ama lo que se vive y lo que se hace. Desde aquellos tiempos Raymundo Rivera graficó la curva del derrotero de su vida. Era una especie de elipse que iniciaba y regresaba a su punto inicial: la Facultad de Ingeniería Civil.

EL CONCRETO HIDRAULICO

Aunque todos los pasteles tienen generalmente los mismos componentes, las diferencias en sus calidades pueden llegar a ser muy grandes. El secreto de tener buenos resultados estriba desde luego en la calidad de los ingredientes, pero también influyen su proporción, el mezclado, el horneado y el molde, o sea el control de la calidad, más el acabado final. 
Algo parecido sucede con la elaboración de un concreto hidráulico. Los ingredientes no pueden ser más que los mismos. Cemento, agua, agregados, molde o cimbra, compactación y curado. Empero las proporciones y el procedimiento del control de calidad en su fabricación hace la gran diferencia. Como en el ejemplo del pastel, las diferencias entre un concreto y otro, pese a tener los mismos componentes, pueden ser enormes. Ese reto fue el que atrajo a Raymundo Rivera Villarreal al mundo del concreto hidráulico. Producir el mejor concreto con los materiales disponibles y al mejor costo. Para él, hablar del mejor concreto era hacerlo del que reuniera las condiciones mínimas necesarias para brindar un servicio insuperable, enfatizando el concepto de durabilidad. Por eso estudiaba una y otra vez las muestras de laboratorio del concreto.

Sabía que el cemento Portland nació en Inglaterra en 1824. Que posteriormente, en 1876 se comenzó a combinar el concreto con el acero para la construcción del concreto reforzado, pues los esfuerzos a la tensión que el concreto simple no puede soportar, el acero los absorbe. Que el último avance importante en esta materia se dio en 1929 cuando Freyssinet propuso a la ingeniería un concreto presforzado que permitió la creación de concretos de alta resistencia y el cambio en los procedimientos de construcción de estructuras coladas in- situ, por las pre coladas en taller, cuando las condiciones lo permitan. Que este avance propició la creación de toda una industria que se ha venido perfeccionando cada vez más. Que los concretos precolados precipitan los calendarios de construcción de obras, los perfeccionan al estandarizar su calidad pues se controla en planta todo el proceso excepto el montaje de las piezas, y además permiten una mayor audacia e los diseños ingenieriles y que todavía en la actualidad se sigue investigando en el mundo científico el comportamiento del concreto.

A Raymundo Rivera le preocupaba la elaboración del concreto in – situ pues en ese caso solo el cemento Portland es controlado en la planta productora, mientras que los demás suplementos cementantes como el agua, los agregados, los aditivos y los adicionantes, así como la mano de obra se aplican en el lugar. Estas

variables son tan mutables como distintos son los bancos o sitios de abasto en sus ubicaciones, pues fabricar concreto en la obra es hacer una producción en serie a domicilio, sorteando todos los inconvenientes de existencia de buenos materiales y mano de obra en el sitio, más las imprecisas condiciones climatológicas.

Por lo tanto le dedicó miles de horas de estudio e investigación al análisis de las cualidades y las calidades de todos los integrantes del concreto. Repetía que cada componente es muy importante. Luego en que proporción se aplica, pues este concepto puede ser tan o más importante incluso que la calidad misma del material. Después en donde se vacía, como se compacta, en cuanto tiempo se cura y se considera completo el fraguado final, o sea hasta cuando se puede retirar la cimbra.

Esto se convirtió prácticamente en una obsesión. Vivía pensando en las diversas aplicaciones que se podrían lograr con las amplias variables de los concretos fabricados en México. Muchos años los dedicó a la investigación del uso de aditivos y suplementos cementantes para concretos de alto comportamiento y especialmente en la durabilidad del concreto por considerar que son temas de la mayor importancia. Reflexionaba constantemente – con cierto grado de alarma – acerca de un posible colapso de muchas de las más importantes obras que los ingenieros civiles han construido en el mundo.

Pensaba que la fatiga del concreto hidráulico es impredecible cuando su durabilidad no fue calculada durante el proceso de elaboración. Así que estaba abocado a la búsqueda de formas que incrementaran esa durabilidad o vida útil de los concretos nuevos, pero al mismo tiempo, estaba pensando en como reforzar los concretos fatigados para extender su vida útil sin tener que demoler las obras por los costos y daños que generarían. Nada menos esa era la tarea que se había impuesto este científico mexicano.

CATEDRATICO

El Ing. Raymundo Rivera Villarreal entregó su vida a la Universidad Autónoma de Nuevo León. Laboró como maestro por horas, maestro de media planta, maestro de tiempo completo y maestro de tiempo exclusivo en la Facultad de Ingeniería Civil. Tuvo nada menos que 54 años de labor docente ininterrumpida. Compartir sus experiencias y conocimientos con los alumnos para él siempre fue considerada una obligación que con gusto desempeñaba. La pasión que sentía por la investigación era compatible y hasta complementaria con la cátedra, pues les imbuía a sus alumnos la necesidad de cuestionar todo lo que leían en los libros de texto.

Amaba la investigación como tal, pero además, para llegar a ser un mejor maestro. Sabedor también de que para investigar se requiere preparación, él se preparaba autodidácticamente por la falta de niveles superiores de estudio a su alcance en la localidad. Eso explica que haya obtenido el grado de Maestría con especialidad en Ingeniería Estructural hasta el año de 1983, porque fue hasta ese año cuando se inauguró ese nivel en la UANL, siendo ahí maestro y alumno al mismo tiempo, como solía serlo al principio de su carrera.

Un año después, en 1884, su Universidad le otorgó el grado de Doctor Honoris Causa como reconocimiento a sus tareas de investigación y docencia. Raymundo Rivera Villarreal presidió el Jurado calificador en 236 exámenes profesionales y siempre le preocupó la preparación de los egresados de la Universidad. Fue un convencido de que el prestigio de la Escuela era el de sus ex alumnos.

Por otra parte, concibió, creó y fue Director desde 1955 hasta 1989 del Instituto de Ingeniería Civil que lleva su nombre y que actualmente se integra por las áreas de Tecnología del Concreto, Vías Terrestres, Geotecnia, Ingeniería Ambiental, Mecánica de Suelos, Geohidrología y Geofísica, verificación y Control de Materiales de Construcción, Ingeniería Estructural y Materiales de Construcción, Hidráulica, Ingeniería de Tránsito, Peritajes y estudios en Materiales de Construcción, Topografía y Supervisión de Obras, el cual ha brindado apoyo con estudios, proyectos y supervisiones a las más importantes obras en el estado y a otras entidades federativas.

INVESTIGADOR

Su nombre figura en todas las instituciones nacionales e internacionales relacionadas con el estudio y la investigación del concreto hidráulico. Fue miembro de las más prestigiadas sociedades académicas y de investigación internacionales, como el Instituto Americano del concreto – ACI – desde 1962, del que fue miembro honorario y parte de la junta directiva. Participó en el Comité 120 sobre la historia del concreto, en el E701 sobre materiales para construcción y en el E 801 sobre enseñanza del concreto.

Igualmente fue miembro efectivo de la Reunión Internacional de Laboratorios de Ensayes y Materiales – RILEM – con sede en París, Francia, en la que fue delegado por México durante diez años y continuó siendo miembro desde 1966 hasta su muerte.

Uno de sus anhelos fue la creación del doctorado en Ingeniería de Materiales de Construcción y Estructuras. Lo alcanzó a ver hecho realidad. En Agosto de 2003 inició ese nivel en la UANL, por el que el Dr. Rivera trabajó durante décadas.

FORMADOR DE INVESTIGADORES

Nadie que se jacte de ser buen maestro puede serlo sin dejar discípulos encaminados a superarlo. El investigador científico y maestro Raymundo Rivera lo sabía, por lo que se esmeró en acercarse a los alumnos que se destacaban por su interés en la investigación. Tenía buen ojo para identificar a quienes poseían la vocación de investigador. Algunas veces lo sabía antes que ellos mismos. Muchos y muy destacados investigadores se formaron banjo su tutela.

PUBLICACIONES

Estas inquietudes así como su indómito carácter de investigador del saber humano en todo lo relacionado con su especialidad que era la tecnología del concreto, lo llevó a invertir grandes cantidades de energía, talento, estudio y

paciencia para escribir y traducir al idioma español numerosas investigaciones. Publicó artículos en varios idiomas en revistas especializadas que han sido referenciados por otros autores de talla internacional sobre concretos sin finos, concretos con fibra de vidrio, aditivos superfluidificantes, durabilidad del concreto, ensayes acelerados, suelo – cemento y muchos más.

Comenzó escribiendo en 1957 los Apuntes para Estudiantes Laboratorio de Materiales. En 1958 ideó un sistema mediante el cual, el alumno hace un libro a lo largo de un semestre que es la duración del curso especial de Tecnología del Concreto y Laboratorio y que se actualiza cada semestre: Se le proporcionan para el efecto las últimas normas, los apuntes y los 15 reportes que se realizan. En ese mismo año escribió los Apuntes para Estudiantes Laboratorio de Mecánica de Suelos – con 11 temas- . Escribió también el folleto Requisitos para Diseño y Control de Calidad de Pavimentos. En 1961 tradujo 10 Normas y Especificaciones de la Sociedad Americana para Pruebas y Materiales.

En noviembre de 1971 presentó su libro Control de calidad de concreto mediante el ensaye de especímenes curados en forma acelerada. En diciembre de 1972 tradujo del inglés al español 9 trabajos presentados en el Primer Simposio Internacional sobre Tecnología del Concreto. De ese evento editó las memorias y escribió además el libro Ensayes acelerados para el control de calidad de pavimentos de concreto

En junio de 1974 tradujo las recomendaciones del comité 212 del ACI Guía para el uso de aditivos en el concreto. También en 1974 tradujo la Práctica recomendable para la compactación del concreto del Comité ACI 309.

En marzo de 1975 tradujo del inglés al español 5 trabajos presentados en el Segundo Simposio Internacional sobre Tecnología del Concreto. Editó las memorias y en el mismo evento redactó el libro Concreto reforzado con fibra de vidrio.

En marzo de 1977 tradujo del inglés al español 9 trabajos presentados en el Tercer Simposio Internacional sobre Tecnología del Concreto. Editó las memorias y en este evento se tocó el tema Concreto sin finos con agregados de escoria del que escribió una obra.

En marzo de 1979 tradujo del inglés al español 12 trabajos presentados en el Cuarto Simposio Internacional sobre Tecnología del Concreto. De este evento editó un libro con el tema Efecto de un aditivo superplastificante en el concreto fabricado con cemento portland de escoria de alto horno.

En marzo de 1981 tradujo del inglés al español 10 trabajos presentados en el Quinto Simposio Internacional sobre Tecnología del Concreto, editó un libro de las memorias de este evento en el que se publicó la traducción del español al inglés de su trabajo Efecto de un aditivo superplastificante en el concreto fabricado con dos cementos Portland mezclados, escoria de alto horno y puzolana natural.

En octubre de 1982 escribió un libro con el tema La función de la RILEM en la

ILAC y otros esquemas. En marzo de 1985 editó un libro sobre el Joint Symposium ACI- RILEM on “Technology of concrete when pozzolans, slags and chemical admixtures are used” y escri- bió otro con el tema effect of high temperature in concrets made with fine fly ash and super platicizer.

En octubre de 1993 editó el libro del Seminario Internacional sobre durabilidad del concreto y escribió otro relativo al Rol de los aditivos en la durabilidad del concreto. En marzo de 1999 editó un libro sobre el Simposio Internacional RILEM sobre el papel de los aditivos en el concreto de alto rendimiento y elaboró un texto sobre Abrasion resistance of concrete with admixtures.

Además, organizó y editó las memorias de eventos sobre los siguientes temas: Avances en tecnología del concreto, Tecnología del concreto y Petrografía y reactividad álcali – agregado.

DEPORTISTA

Desde estudiante fue buen deportista. Organizó junto con Teodoro Aguilar quien también era alumno y jugador, el primer equipo de fútbol americano de categoría intermedia de la Facultad de Ingeniería: Los “Castores de Ingeniería”. Fue su primer mariscal de campo y a él correspondió el honor de anotar el primer touch down de equipo alguno de la Universidad de Nuevo León en el extranjero.

Durante 21 años – de 1950 a 1971- fue maestro presidente de la comisión de deportes de la Facultad de Ingeniería Civil, desde dónde promovió intensamente la práctica de los deportes como el fútbol americano, fútbol soccer, voleibol, atletismo, ciclismo y arquería. Entrenó al equipo de los “Castores” 16 temporadas – de 1949 a 1964- y bajo su dirigencia se lograron dos campeonatos y una nominación del “mejor equipo de la temporada”. Como directivo tuvo importantes logros gracias al desarrollo de su capacidad creadora y organizativa.

UN HOMBRE DE CARÁCTER
En síntesis, el ingeniero Raymundo Rivera Villarreal fue un hombre de carácter decidido a triunfar en el estudio, en la docencia, en la investigación y en el deporte. Falleció el 27 de diciembre de 2003

Universidad Autónoma de Nuevo León Paradigmas Universitarios / 1 Ing. raymundo “Chico” Rivera Leopoldo Espinosa Benavides.

Enero-Febrero 2009

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