¿Qué hay de las políticas que no sólo alcancen para todos, sino que sean para siempre?

Convencido, como estoy, de que las transferencias monetarias directas son un medio eficaz para resolver carencias relacionadas con la pobreza, no puedo más que celebrar las decisiones tomadas por este gobierno para apoyar a diversos grupos vulnerables. Hasta el cansancio, en este espacio he insistido en lo negligentes que hemos sido como sociedad para llevar a cabo una lucha más decidida contra la pobreza y en particular contra la pobreza alimentaria. Es una verdadera vergüenza que un país como el nuestro presente todavía estos terribles contrastes.
Pero también debo expresar mi preocupación por algunas omisiones que percibo en el discurso y en los planes oficiales en relación con temas que van mucho más allá de las políticas asistenciales y que podrían impulsar sensiblemente el desarrollo de nuestro país. Me referiré en esta ocasión al combate a la informalidad en nuestra economía, sobre lo que casi no se escucha nada, salvo los escandalosos porcentajes (que según algunos alcanzan el 50 por ciento), de la economía que se desarrolla en la sombra, con las consecuencias obvias en materia de recaudación, prestaciones sociales y productividad.
Y como no se trata de descubrir el hilo negro ni la fórmula para el agua tibia, me permito recomendar (nuevamente)  que analicemos la experiencia de India. A dos años de las profundas reformas impulsadas por el primer ministro Narendra Modi sobre la desmonetización y el impuesto indirecto a los bienes y servicios (GST), no han existido los efectos adversos pronosticados. En cambio, el crecimiento se ha mantenido por encima del 6 por ciento anual. Las reformas en India buscaron acercar a más ciudadanos a la economía formal, mejorar la productividad y consolidar una década de crecimiento económico. La presión por generar una economía formal y productiva era necesaria en un país donde 81 por ciento de la fuerza laboral es informal, según la OIT.
La política de desmonetización planteó eliminar 86 por ciento del circulante de la economía y buscó acercar a más ciudadanos a la banca, reduciendo así el uso ilegal del dinero. Sin bien en la práctica la sustitución de las transacciones no ha sido completa, India se acerca cada vez más a una economía de transacciones digitales. El uso de tarjetas de débito aumentó en más de 80 por ciento; especialmente aquellos usuarios considerados como infrecuentes en el sistema financiero aumentaron en 400 por ciento sus transacciones en tarjeta. A la par, los negocios aumentaron las terminales de pago disponibles.
Junto con esta medida, el gobierno lanzó un programa para la inclusión financiera llamado Pradhan Mantri Jan Dhan Yojana (PMJDY). El programa genera una cuenta bancaria donde se realizan las transferencias sociales, asimismo genera una tarjeta de débito y la posibilidad de usarse para contratar créditos y generar ahorros para la vejez. Sin embargo, los límites en la red bancaria han generado que 50 por ciento de las cuentas del programa sean cuentas inactivas. India aún posee una red de telecomunicaciones limitada en todo el país y gran parte de la economía depende de microtransacciones. Este tema es pertinente para nuestro caso, pues aquellos apoyos a los que me refiero en el primer párrafo, pueden ser un gran “gancho” para bancarizar a millones de personas.
En otra columna que publiqué hace tiempo llamada “India: envidia de la buena” dedicada a examinar la introducción del impuesto GST, se destaca cómo se realizó un gravamen segmentado por tipo de producto. Los bienes básicos (71 por ciento de todos los bienes de la economía) están exentos, mientras que los productos con un valor menor a 14 dólares tienen tasas de 5 por ciento; por otra parte, los bienes de lujo enfrentan tasas entre el 18 y 28 por ciento. Este IVA segmentado busca mejorar la recaudación en un país donde la mayor parte de la población es informal y donde el ISR sólo representa una pequeña parte de los ingresos fiscales.
No todas las políticas hacia la formalidad son económicas; una de las medidas más relevantes para integrar a los ciudadanos en la economía es la creación de la cédula de identidad digital Aadhar. Ésta consiste en la captura de firma electrónica, datos personales y biométricos en una clave de 12 dígitos y puede presentarse para realizar trámites de gobierno y ante instituciones financieras.
Esta acreditación fue un paso para mejorar la transferencia de seguridad social y pensiones del Estado, pero también, como decíamos, para la introducción de las poblaciones marginadas al sistema bancario y para certificar la compra de propiedades. El reto de esta cédula consistió en incorporar a la gran población del país a una base de datos biométricos de largo plazo. Hace tiempo que, en México, organizaciones como la Coparmex luchan, sin éxito hasta ahora, por esa cédula de identidad.
Por otra parte, el gobierno de India implementa reformas para reducir las barreras para la economía formal. Una de ellas consiste en reducir la carga fiscal y simplificar las reglas para las empresas. India ha ascendido al lugar 77 del índice Doing Business en 2019, respecto al lugar 131 en 2014, logrando ser una de las economías que han ascendido con mayor rapidez en el ranking (México ha subido del lugar 69 en 2014 al 54 en 2019). El ascenso de India en la facilidad para hacer negocios se debe a las reformas en los permisos de construcción y la simplificación fiscal creada por el impuesto GST. Asimismo, se ha establecido una ventanilla única para exportar y para certificaciones de calidad para la exportación.
Otro conjunto de reformas estuvo también orientado a simplificar la entrada de inversiones al país, permitiendo que empresas extranjeras sean dueñas del 100 por ciento del capital instalado en India y participen hasta en 49 por ciento como inversionistas en las empresas del Estado como Air India. Asimismo, se han liberalizado las reglas para la inversión extranjera directa de la India en sectores relevantes para su economía como el comercio electrónico y los productos farmacéuticos, generando un ingreso récord promedio de $ 52.2 mil millones en IED anualmente en los últimos cuatro años.
Ahí tenemos un caso en el que muchos más millones de ciudadanos que los que habitamos México, en una situación de pobreza y desigualdad parecida a la nuestra, están logrando mejorar sensiblemente. A mi juicio, principalmente por una razón: porque no sólo se busca repartir riqueza, sino generar más, partiendo de la realidad de que, sólo así, alcanzará para todos… y para siempre.
Lic. Óscar Espinosa Villarreal
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