Daspark hotel y turbohotel

Los hoteles hechos con tubos de concreto

La producción del concreto tiene un gran impacto en el medio ambiente, lo mismo que la fabricación de tubos de este material; pero además, ¿quién no ha visto alguna vez los enormes tubos que se utilizan para el drenaje y el alcantarillado de las ciudades, abandonados o cubiertos de hierba? ¿Cómo se puede dar una nueva utilidad a esos tubos tan grandes que cabe una persona de pie?

Tal vez a causa de la gran huella ecológica que tiene hacer concreto y de la conciencia social y la capacidad de aprovechar el espacio que encontramos en los países europeos, el arquitecto austriaco Andreas Strauss decidió reciclar este material cuando, en 2004, diseñó el DasPark Hotel. Un hotel con lo mínimo necesario.

Generalmente, los hoteles están provistos de todo tipo de comodidades de dudosa necesidad: televisión, bañera, hidromasaje, mini bar, etc. Todo esto lo consideró innecesario y lo eliminó manteniendo únicamente lo indispensable en un hotel minimalista: la cama y el descanso. Además, tomó en cuenta los beneficios de una construcción rápida y a bajo costo que no sacrificara las espectaculares vistas del país.

En este original hotel, que a primera vista parece una fila de tres tubos de drenaje olvidados por una constructora y que curiosamente fue inaugurado primero en Linz y después trasladado a su ubicación actual frente al río Danubio, en pleno parque público de la ciudad de Ottensheim, a unos 190 kilómetros de Viena, las habitaciones están construidas con secciones de tubos de concreto prefabricados de 9.5 toneladas de peso, convertidos en pequeñas y confortables estancias.

Una capa de barniz y la pared del fondo pintada por el artista plástico local Thomas Latzel – Ochoa, fue todo lo que el arquitecto necesitó para reutilizar los tubos. El hotel dispone de 3 “suites” de 2.70 m de largo por 2.40 m de ancho, que cuentan con una cama para dos personas, almacenamiento, mantas, luz, toma de corriente y conexión a internet. Ya que no hay ventanas, tienen una claraboya circular en la parte superior y un par de aguajeros de ventilación en la pared trasera.

El concreto hace que las paredes se mantengan frescas en días calurosos, mantiene cómodo el interior y elimina el ruido del exterior, creando un entorno “seguro” tomando en cuenta que literalmente se pernocta en un espacio público. Las cápsulas están disponibles desde la primavera hasta el otoño y son utilizadas principalmente por los ciclistas y por las personas que buscan escaparse de la rutina diaria.

Los baños públicos del parque se consideran como una “prolongación” del

DasPark Hotel y para comer, están los restaurantes y bares de la zona. El hotel proporciona un plano en el que se puede localizar todo esto e incluso el supermercado más cercano.

El sistema de reservación también es curioso. Quien desee pasar ahí una noche o dos, está obligado a reservar sus habitaciones en el sitio web del hotel. Una vez aceptada la reserva y sin necesidad de hacer algún pago, se recibe un e – mail con un código para poder abrir la cerradura y desbloquear la puerta de la habitación. Este código se activa exactamente a partir de las 15:00 horas del día de entrada y es válido hasta las 11:59 del día de salida.

Lo mejor de todo es que el precio lo pone el huésped. El hotel opera con el sistema “pague como desee” ya que su política es que cada uno pague lo que pueda – o lo que quiera – a modo de donativo para poder seguir adelante con el proyecto. Sin ninguna presión, los huéspedes pagan entre 7 y 20 euros por noche.

El hotel no es recomendable para personas que sufren claustrofobia, pero es ideal para turistas con pocos recursos económicos y para buscadores de experiencias únicas e interesantes. Desde que empezó sus operaciones, el arquitecto Strauss ha expandido el DasPark hotel a un segundo emplazamiento en Essen, Alemania, donde cuenta con cinco alojamientos y ha inspirado un proyecto similar cerca de la ciudad de México llamado el Tubohotel.

El Tubohotel, el hotel mexicano hecho también con enormes tubos de concreto reciclados, se encuentra dentro de una huerta orgánica en el Pueblo Mágico de Tepoztlán, Morelos, a unos 45 minutos de la Ciudad de México.

Los arquitectos de la firma T3arc encontraron la forma de que dormir dentro de un tubo no sólo sea confortable, sino toda una experiencia para los vacacionistas. Se inspiraron en el trabajo de Strauss y expandieron la idea al crear módulos triangulares. Poniendo un tubo sobre dos tubos base, los diseñadores fueron capaces de crear una idea visualmente novedosa, sin impactar el medio ambiente.

El Tubohotel cubre 220 metros cuadrados y se construyó en tres meses con tres volúmenes de tubos de concreto apilados en forma de pirámide con el fin de ganar el máximo espacio posible. Los tres primeros módulos y el plan de ordenación fueron realizados por T3arc, mientras que la construcción del resto de los módulos quedó en manos de la administración del hotel.

El objetivo era poder construir en una forma rápida y a un costo muy accesible, un hotel que diera servicio al turismo de Tepoztlán con un concepto que fuera totalmente novedoso para la región. El hotel abrió en 2010 y desde entonces ofrece 20 habitaciones cerradas con cristales, con vista a la sierra del Tepozteco, que miden 3.5 m de largo por 2.44 m de ancho, las cuales contienen una cama queen size, cortinas, luz de escritorio, ventilador y almacenamiento bajo la cama. Los huéspedes tienen acceso a dos baños comunes, sanitarios, duchas privadas y cocina dentro de la propiedad del hotel. El costo de la habitación es de 500 pesos por día.

El Tubohotel es una construcción ecológica adaptada a la tendencia del turismo sustentable. Si alguna vez se decide cerrar el hotel, solo hay que sacar los muebles del interior, quitar las puertas y devolver a los tubos su uso original.

Febrero 2016

Revista 86

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