En defensa de la geometría

Carlos Martín del Castillo

(En memoria de Jesús Ibarra Ruiz y Jorge Betancourt Cuevas, distinguidos maestros de Geometría Descriptiva).

Las matemáticas, de quien alguien dijo “no son la más bella de las ciencias, sino la ciencia toda”, se definen como el camino para resolver los problemas de la cantidad; para su estudio, se dividen en dos grupos, las que utilizan procedimientos numéricos para resolver los problemas , como la aritmética, el álgebra o el cálculo diferencial, y las que utilizan procedimientos gráficos para solucionarlos, que son las geometrías. Dentro de éstas, se encuentra la geometría descriptiva, que enseña a representar sobre un plano todos los cuerpos de la naturaleza. El ingeniero pasa la vida rodeado de planos.

En 1796, un ingeniero francés llamado Gaspar Monge reunió, en una publicación, los principios conocidos de la geometría descriptiva y le llamó “ el lenguaje del ingeniero”; la enseñanza de esta materia influyó notablemente en el desarrollo de la ciencia, la técnica, la ingeniería y la arquitectura durante el siglo XIX.

Hay una anécdota muy interesante de Andrés Manuel del Río, ilustre ingeniero hispano – mexicano, quien sien do director del Colegio de Minería, en 1838, se opuso a que en el plan de estudios del mencionado colegio se incluyeran materias humanísticas, pues eso haría que los alumnos participaran en la política y él no estaba dispuesto a permitirlo. Imagino que se refería a la política partidista que dividía a los mexicanos en conservadores y liberales y tornaba a todos en caníbales destructores cuando él formaba constructores. Y decía Del Río “No necesito enseñarles ética para que sean mejores, me basta enseñarles geometría para que sean seres humanos”. Un viejo profesor de geometría enseñaba a sus alumnos que “ el camino más corto hacia el triunfo es el camino recto”.

Cuando yo estudié, la geometría descriptiva era de las materias más difíciles, y la razón es que se necesita entender todos los temas desde el principio hasta el fin. En 1971 se decidió suprimirla del plan de estudios de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, el argumento era que “ya existen elementos más sencillo para resolver los problemas de la geometría descriptiva” aunque, con la justificación anterior, se podría suprimir la enseñanza de todas las ciencias matemáticas. Me dijo un día Leonardo Zeevaert, “desde entonces, estamos creando ingenieros de dos dimensiones”.

Y tenía toda la razón, pues al imaginar el cuerpo en el espacio, el ingeniero tiene la capacidad de implementar un mejor procedimiento constructivo, y más aún, un mejor proyecto. La geometría descriptiva desarrolla la imaginación y la creatividad – la ingeniería es creación -, enseña a pensar y aumenta la capacidad de análisis. La solución de un problema de geometría descriptiva no se puede memorizar ni mucho menos copiar; es más, el mismo problema se puede resolver de diferentes maneras.

Hace algunos años, estando en Barcelona, visité el Instituto Helénico, encabezado por jóvenes que no pretenden estudiar a los clásico griegos, sino vivir como ellos, rescatando los principios básicos del ser humano: mediante el estudio de la filosofía, entender lo que es el bien; por medio de la apreciación del arte, disfrutar de la belleza y mediante el estudio de la ciencia, conocer la verdad. También por esos días apareció en las librerías una publicación titulada más Platón y menos Prozac; se dice que en la escuela de Platón – La Academia -, había un letrero que advertía “que no entre aquí quien no sepa geometría”. Los filósofos griegos estudiaban la geometría como un verdadero ejercicio mental, el cual les permitía fortalecer su imaginación y su creatividad.

En las principales escuelas de ingeniería del mundo, particularmente en Inglaterra y España, se enseña, y cada vez con mayor intensidad, la geometría descriptiva; recientemente en Madrid, en el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, hicieron una edición facsimilar de la obra de Gaspar Monge, como un reconocimiento al destacado ingeniero francés, al cumplirse los 200 años de su fallecimiento.

Ayudemos, pues, a formar mejores ingenieros, que con imaginación tridimensional, capacidad de análisis y creatividad, ayuden a resolver las cada vez mayores necesidades de la sociedad, aplicando los cada vez más escasos recursos, para hacer más con menos.

Publicado originalmente en la revista Vector Marzo – Abril de 2009.

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