Como consecuencia del acelerado, y en ocasiones, desenfrenado, avance de la tecnología, ésta ha hecho sentir su presencia incluso en el espacio más privado de nuestra vida: el hogar. Su aplicación a dicha área se conoce como domótica –del latín domus, ‘casa’, y del francés robotique, en referencia a la automatización de funciones, que es su objetivo–, nombre con el que se alude a la combinación de tecnologías de la información con medios de automatización que se aplica al confort, los servicios de comunicación, la seguridad y el almacenamiento y administración de la energía en el hogar. Por otra parte, aunque la automatización de los servicios de la residencia privada fue su objetivo original, mediante las adecuaciones pertinentes, las implementaciones aplicables a la llamada ‘vivienda domótica’ pueden extenderse también a otro tipo de lugares, como espacios públicos, hoteles y oficinas.

El programa de la domótica, por decirlo así, tiene dos ejes principales: permitir el aprovechamiento más óptimo y eficiente posible de la energía que requieren los servicios domésticos, y crear una red cada vez más integrada entre dichos servicios y sus usuarios.

‘La vivienda domótica difiere de la vivienda bioclimática, a la que se ha asociado en los últimos años, en que esta última se caracteriza por tener un diseño arquitectónico adecuado a las condiciones climáticas y geográficas que rodean a la construcción, lo que permite reducir tanto el consumo energético como la emisión de gases de efecto invernadero, mientras que la primera busca cumplir con dichos objetivos a través de respuestas automáticas a las condiciones variables de demanda de servicios’.

Una de las primeras soluciones funcionales ofrecidas por la domótica fue el Protocolo X10, desarrollado en Escocia en la década de los setentas. Se trata de un sistema de control remoto de dispositivos caseros –que sigue siendo empleado hoy en día– que utiliza la instalación eléctrica para enviar mensajes codificados en forma de pulsos. En un principio, este protocolo permitió únicamente el control vía remota de electrodomésticos y de algunas otras funciones domésticas, como el encendido de luces y la apertura y cierre de puertas y ventanas, pero, con el paso del tiempo, ha logrado abarcar la gestión de sistemas más complejos, como la climatización diferenciada de cada sección de una casa. Asimismo, y como era de esperarse, este flexible protocolo fue pronto asimilado por las computadoras, lo cual, después de sumar el acceso a internet a la ecuación, estableció una poderosa triple alianza que ha hecho posible automatizar la gestión de edificios enteros –de oficinas, de viviendas, o mixtos– para darle paso a los famosos ‘edificios inteligentes’, el estado del arte en lo que a diseño arquitectónico se refiere.

Como se ha dicho, el manejo racional del consumo energético es la otra gran meta domótica, y podemos ver sus aplicaciones en el control programado y autoajustable del aire acondicionado, así como en la regulación de las tarifas mediante el manejo automatizado de la energía, lo que permite, entre otras cosas, la sincronización del funcionamiento de algunos aparatos con las horas de tarifas reducidas; de igual forma, permite el control del encendido de luces, que puede coordinarse con las condiciones climáticas del exterior. Dado que esta clase de sistemas permiten el control de la iluminación, las alarmas de seguridad, etcétera, su aplicación podría reducir la demanda de servicios comunitarios, lo cual, en conjunto con la detección instantánea de fallos, hace que el sistema domótico sea más económico en comparación con sistemas de control no automatizados.

A su vez, la domótica puede ser aplicable a la inmótica, que se define como la automatización integral aplicable a edificios, en cuanto a la capacidad de automatización en instalaciones como aeropuertos, hospitales, hoteles, naves industriales, etcétera.

Si bien la introducción masiva de los sistemas domóticos sería posible en países como México en el mediano plazo, es importante considerar que su adopción –de acuerdo con estudios realizados en España, principalmente– depende en gran medida de la disposición de la industria inmobiliaria para ejecutar las modificaciones pertinentes en un edificio con sistemas mecaniza- dos tradicionales, o para invertir en su implementación desde la etapa de diseño de las construcciones nuevas. De acuerdo con varios estimados, la infraestructura elemental para la domotización de una vivienda encarece su precio básico en un máximo del 2% del costo original, lo cual, sin embargo, es un costo casi simbólico considerando el sinfín de beneficios que representa su utilización.

En suma, la domótica se presenta como una de las grandes soluciones ecológicas para el manejo energético de edificios de cualquier índole, desde una casa hasta un complejo habitacional o comercial. Por ello, la domótica puede ser, en un futuro no muy lejano, la alternativa ideal para la enfrentar los problemas que aquejan a las grandes ciudades alrededor del orbe.

‘Es probable que el debut cinematográfico de la domótica haya tenido lugar en la cinta Eddy, la computadora enamorada, uno de los éxitos de taquilla más recordados de la década de los ochentas, en la cual el protagonista cibernético toma control del departamento de su dueño a través de varios adaptadores equipados con una versión del Protocolo X10’.

Itzel González

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