Si se comparan imágenes del Dubai de hace cincuenta años con el Dubai actual, cabría la posibilidad de no reconocer en el segundo al primero. El meteórico desarrollo que el pequeño emirato ha experimentado en los últimos años lo han llevado a ser, de un productor de petróleo, el centro del gran mundo internacional.

Hoy día, Dubai es reconocido como centro financiero, tecnológico y nueva capital del jet set. También se le reconoce por sus excéntricas construcciones, entre las que se encuentra el Burj al-Arab-el hotel más caro del mundo, el desarrollo conocido como la Palma de Dubai- un desarrollo construido sobre el golfo de Arabia- y el Mundo de Dubai. Pero Dubai no quiere ser reconocido únicamente por sus construcciones. Desde finales de la década de los sesentas, ha buscado transformarse de un simple productor de petróleo y parte de los Emiratos Árabes Unidos, en una capital mundial. A través de la construcción del Downtown Burj Dubai se pretende conseguir esto. El Downtown Burj Dubai no es simplemente el alojamiento de una torre, si no de centros tecnológicos, financieros y de medios que, se espera sean los testigos de la entrada de un emirato en las ligas mayores de la tecnología, las finanzas y el gran mundo. Todo lo anterior no supone sólo el remozar la faz de Dubai a los ojos del mundo; tanto los desarrollos inmobiliarios como los proyectos de infraestructura que se tienen contemplados para el corto y mediano plazo—que incluyen un aeropuerto internacional, el cual se espera se termine en 2010, la construcción de dos líneas de Metro completamente automatizadas, en operación parcial en la actualidad y se espera se concluya para el 2012, dos tramos de monorriel y un sistema de transporte acuático, que sustituirá a las tradicionales abras—representan una virtual reconstrucción del estado, que se espera en el futuro pueda rivalizar con las capitales financieras del mundo que son Hong Kong y Nueva York.

La odisea comienza

Dubai como estado tiene una historia relativamente corta. Parte de los Emiratos Árabes Unidos, formados en 1971 tras la retirada inglesa de la zona, nunca había gozado de la prominencia que le caracteriza hoy día. Durante el siglo XIX gozó de cierta importancia como puerto para el tráfico de mercancías entre Oriente y Occidente, dada su cercanía con la India, a lo que se sumaba la producción de perlas. La Gran Depresión y la fabricación de perlas artificiales, golpearon violentamente a la economía de la región. No es sino hasta los años cincuentas cuando se empiezan a ver signos de modernización en la región, con la instalación de tendidos eléctricos, redes telefónicas y la construcción de un aeropuerto. Los yacimientos de petróleo que le dieron impulso económico suficiente no fueron descubiertos sino hasta 1966, la explotación de los mismos, sin embargo, se vio en dificultades casi desde el principio, al ser pronosticado que las reservas del entonces llamado “oro negro” no durarían más allá de veinte años. ¿Qué quedaba entonces? Una respuesta tan agresiva como insoluble parecía el problema: la diversificación de la economía, brindando servicios financieros y ofreciendo sus instalaciones portuarias —de uno de los cuales, el Jebel Ali, se dice que es el puerto construido más grande del mundo—al comercio libre, sin dejar de lado la actividad turística y los bienes raíces.

El petróleo y el gas natural representan en la actualidad únicamente un 6 % para el emirato, cuya economía se encuentra en el rango de los $80,000 millones de dólares al año, lo que demuestra el éxito de la estrategia emprendida por el jeque Rashid bin Saeed Al Maktoum, sin cuyos esfuerzos no se hubieran visto los resultados que hoy se aprecian, esfuerzos que encarnan la que fue su gran preocupación, expresada en su ya famosa frase: “mi abuelo montaba un camello; mi padre montaba un camello; yo manejo un Mercedes; mi hijo maneja un Land Rover; su hijo seguramente manejará un Land Rover, pero su hijo montará un camello”. Mo- hammed bin Rashid Al Maktoum hoy tiene otras preocupaciones, sin embargo: si Dubai, con sus lujosos desarrollos y su carrera tecnológica no logra salir del atolladero financiero en que se encuentra, la profecía de su padre se hará cierta, sólo que con dos generaciones de anticipación.

La transformación

Durante el mandato de Rashid bin Saeed Al Maktoum, Dubai empezó a ver, no sólo modernización, sino una transformación a largo plazo que sería radical para el emirato, la cual desembocaría en la ultra moderna imagen que ofrece hoy día al mundo entero. En los años setentas comenzó la labor constructora y modernizadora, con la construcción de puertos—como el ya mencionado Jebel Ali—y el Dubai Trade Center, entre otros. El fallecido emir, quien es considerado el gran visionario de los Emiratos Árabes Unidos modernos, consideró que sería vital para su estado el evitar la dependencia económica del petróleo a largo plazo, cuyas reservas se calculaban para únicamente veinte años, y favorecer múltiples ramas de desarrollo que permitieran diversificar la economía del emirato tanto como fuera posible para evitar un posible colapso cuando dichas reservas se agotaran. Si el petróleo y el gas natural representan hoy en día menos del 6% de la economía de Dubai es gracias al impulso y visión del emir, quien literalmente pavimentó el camino para el explosivo desarrollo que se ha experimentado en los últimos años, gracias al volumen de infraestructura construida durante su mandato, inversiones todas logradas gracias al dinero proveniente de la venta del petróleo, empleado sabiamente en transformar al emirato en vez de convertirlo en esclavo económico de los precios internacionales de los hidrocarburos y sus derivados, y en protegerlo contra la eventual crisis que representaría la ausencia de petróleo en un futuro no muy lejano.

La carrera por la altura

En la diversificación de la economía de Dubai se pensó, no sólo en continuar con su política de comercio libre sumamente ventajosa cuando de importación y exportación se trata, sino en impulsar el desarrollo en todos sus ámbitos. El sector turístico y el de bienes raíces serían los que más beneficiados se verían con las nuevas políticas encaminadas a lanzar a Dubai a la prominencia internacional.

Las grandes construcciones que se dan cita hoy en Dubai no son fruto de la casualidad. Sin la cuidadosa planeación del emir anterior, nada de esto habría sido posible. En Dubai entendieron que no se trata solamente de construir, sino de adecuar enteramente un lugar para que sirva a los propósitos a que se le tienen destinado. Es así como comenzó el boom de la construcción en Dubai: primero, con la infraestructura que dotaría al lugar de las instalaciones y facilidades necesarias para la instauración de negocios de todo tipo, y, posteriormente, con la edificación de sus impresionantes construcciones y estructuras que han marcado hitos en el mundo de la ingeniería.

La cantidad de proyectos, propuestas y edificaciones concluidas son buena prueba de ello—buen testimonio de ello es que el 25% de las grúas del mundo están siendo utilizadas en Dubai–. Dentro de este marco, bien puede afirmarse que la construcción del Burj Khalifa no obedeció a caprichos ni a ambición desencaminada, como muchos críticos—principalmente occidentales—tienden a creer. La torre, se ubica en medio de todo un complejo destinado a dar nueva vida al distrito comercial de Dubai, que con un costo total estimado en $ 20,000 millones de dólares, es la última perla de la corona en la renovación del emirato.

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