El puente de Mostar

Según el censo de 2004, Mostar es una ciudad de 125,448 habitantes situada a orillas del río Neretva, que la divide en dos partes, en Bosnia Herzegovina. Es la capital –aunque no oficialmente– de Herzegovina, y ostenta el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Mostar lleva su nombre por su símbolo: el Puente Viejo o stari most, que es uno de los monumentos históricos más famosos de la antigua Yugoslavia, y las torres de sus dos lados, “los guardianes del puente” –mostars, en bosnio – croata. El puente, que data del siglo XVI, siempre ha sido considerado como un símbolo de la sociedad multiétnica de Bosnia: mide treinta metros de largo, cuatro metros de ancho, y lo flanquean dos torres, la torre Halebija y la torre Tara, que le fueron añadidas en el siglo XVII.  

El stari most fue mandado construir por el sultán otomano Solimán el Magnífico, quien reinaba sobre un gran imperio que se extendía desde Marruecos hasta Persia y desde Hungría hasta Yemen. El proyecto fue encargado al arquitecto turco Mimar Hajrudin, discípulo del célebre Sinán, quien tras diez años de duros trabajos, de 1556 a 1566, consiguió levantar un puente de treinta metros de largo y cuatro metros de ancho, construido con cuatrocientos cincuenta y seis bloques de piedra caliza a veinte metros de altura sobre el  nivel del río.

Han surgido muchas leyendas alrededor de la construcción de stari most. Se dice que el primer intento de construir un puente en los bordes de piedra del cañón terminó con la caída del mismo a las aguas del río, por lo que el sultán amenazó con decapitar a Hajrudin si volvía a fallar. Por ese motivo, al terminar, el arquitecto vio la retirada del andamiaje desde una distancia prudente, listo para echar a correr. Pero el puente no se cayó y durante siglos conectó no sólo dos distritos de la ciudad, sino también dos culturas, a los musulmanes del este del río y a los cristianos croatas del oeste; así, el puente se tornó un símbolo de conexión entre pueblos y religiones de oriente y occidente.

Más que por sus dimensiones, el puente fue considerado una maravilla en términos de arquitectura por lo atrevido de su arco y, en términos de ingeniería, por su especial método de construcción progresivo: cuando se construyó, se le colocó el que era, hasta ese momento, el mayor arco auto soportado de piedra natural. Con el paso del tiempo, y el caos de varias guerras, el puente se dañó en distintas ocasiones, si bien sobrevivió a las hostilidades y a toda suerte de calamidades.

Sin embargo, en 1992, las relaciones entre bosnios, musulmanes, serbios y croatas se deterioraron hasta desembocar en una guerra fratricida. Al comienzo del conflicto bélico en Mostar, croatas y musulmanes se aliaron para expulsar a los serbios, pero una vez conseguido este objetivo se declaró una nueva lucha entre musulmanes y croatas por tomar el control de la ciudad.

Durante mucho tiempo pareció que el puente sobreviviría a la guerra y a las bombas: las casas del centro de la ciudad vieja fueron destruidas, las estrechas calles quedaron en ruinas y el puente seguía existiendo. Los habitantes trataron de protegerlo con neumáticos y le construyeron un techo provisional con hojas de metal y alfombras, a efecto de proteger a todos los que se atrevían a atravesarlo para ir a la única fuente que había con agua potable.

Pese a que no tenía ninguna importancia estratégica, las fuerzas croatas decidieron que el puente debía ser destruido por ser un símbolo. Se dice que la maravillosa construcción resistió los disparos durante dos días y dos noches, hasta que un ingeniero, que una vez había trabajado en el puente, dio a los atacantes una información decisiva: el interior era hueco. Los ataques dirigidos a esta cámara hueca lo hicieron derrumbar el 9 de noviembre de 1993; las piedras cayeron al río y volvieron sus aguas de color rojo sangre, acentuando todavía más su simbolismo: “la guerra había hecho sangrar incluso al puente.”  

Mostar quedó en ruinas al final de una guerra que había costado más de 200,000 muertos, pero no hubo duda: todo debía volver a ser igual que antes, y el puente debería ser reconstruido.

Con la llegada de la paz se iniciaron los trabajos de reconstrucción, pero brindar a la ciudad el mismo aspecto que había tenido antes de la guerra era una tarea agotadora, no sólo para los habitantes de un país dolorido, sino también para el comité multinacional de expertos que, bajo la dirección de la UNESCO y con la colaboración de organizaciones de rescate del patrimonio de la humanidad, entre ellas la Asociación Regional Industrial de Nüremberg, Alemania –LGA–, buscaría levantar el nuevo puente y sus edificios aledaños según los antiguos métodos y tradiciones.

“Primero teníamos que descubrir las características especiales del monumento –declaró Gregor Stolarski, jefe del equipo de expertos de la LGA– porque, durante nuestras investigaciones, descubrimos características verdaderamente interesantes que causaron una gran respuesta internacional, y a menudo asombro e incredulidad.”

En primer lugar se tenía que descubrir el material usado para construir el cuerpo del puente. Los arcos, parapetos y las partes frontales del bloque rectangular estaban hechos con una piedra ligera y porosa, con una superficie suave y de color marfil brillante. Al microscopio, el material tenía una estructura comparable a las huevas de pescado, lo que le daba el nombre de caliza Ooid, hecha de bolas de caliza pequeñas e individuales, formadas por granos marinos de arena endurecida con el transcurso de millones de años. Esta caliza, llamada tenelija, es una especialidad única de la región de Mostar.

Para el suelo se había empleado una caliza dolomita mucho más dura, colocada en forma de escaleras. El reforzado de los bancos, se hizo con la piedra aglomerada porosa de las orillas del Neretva.

Buceadores húngaros recuperaron muchas de las piedras que habían caído al río. Primero tenían que catalogarlas, lo cual no era fácil debido a que estaban seriamente dañadas en algunas partes. Después había que decidir si esas piedras podían ser reutilizadas o había que obtener de la cantera bloques nuevos de esta piedra única, si eso era posible. Con la ayuda de un método llamado “de eco de impacto” se revisaban los daños y roturas de las piedras recuperadas; también hubo que analizar y catalogar los nuevos bloques de la cantera de Tenelija.

De manera especial, los investigadores deseaban saber por qué el puente había “sangrado”, y lo descubrieron: cuando se selló el suelo original, se empleó un mortero rosa que contenía bauxita y alúmina de color marrón rojizo; al caer el puente, este material se disolvió y coloreó el agua. Hasta ahora no se ha encontrado en ninguna parte del mundo un mortero rojo comparable a éste.

No sólo el material de construcción del puente de Mostar resultó interesante sino también, como ya se sabía, su arquitectura. La característica más impresionante del viejo monumento era su diseño, que iba muy adelantado a su tiempo y que fue la causa de su increíble resistencia frente a los misiles, aunque también fue sorprendente su caída. En contraste con otros monumentos comparables de la misma época, el puente era hueco: Hajrudin diseñó las partes altas cerca de las orillas como cuerpos huecos, con lo que el peso se pudo reducir en más de un 40%. Actualmente éste es el procedimiento más común para el reforzado de construcciones de cemento.

También es de destacar la conexión entre las piedras: cuatro franjas paralelas forjadas a mano, hechas con abrazaderas alineadas una tras otra se colocaron sobre el caballete del arco, y cada una de ellas se insertó laboriosamente dentro de la superficie de piedra. Los extremos de las abrazaderas fueron doblados en un ángulo de 90° y éstas se ensancharon en forma de trapecio, como una cola de golondrina. Como habían sido insertadas en unas bolsas esculpidas exactamente y fijadas con plomo líquido, estas conexiones sobrevivieron incluso a las increíbles fuerzas de los bombardeos y de la caída, e incluso se pusieron más abrazaderas en las juntas verticales para darle más seguridad. Para las juntas, que estaban en forma de semicírculo, Hajrudin empleó puntas de acero forjadas a mano como un tercer refuerzo. Por seguir la curva del arco, cada punta tenía una posición diferente, lo que supuso un gran reto para la tecnología del moldeado de plomo.

En el laboratorio, el equipo de la LGA reconstruyó hasta la secuencia de la construcción histórica del puente, y construyó una pequeña parte del muro a escala 1:4. En este momento fue perceptible el tiempo que lleva hacer conexiones de este tipo: en dos pasos, primero se fijó la abrazadera en una parte del siguiente bloque para colocarlo, y luego se esculpieron las bolsas correspondientes en la piedra precedente. Finalmente se escarbó un canal del grosor de un dedo en la superficie, desde la bolsa hasta el caballete del arco, y se pulió. Cuando las piedras estuvieron ensambladas, los artesanos rellenaron las cámaras con plomo líquido, fijando así el extremo de la abrazadera.

“Las detalladas pruebas metalúrgicas, y metalografías del acero histórico que realizamos para las puntas y las abrazaderas, muestran una enorme capacidad de carga, durabilidad y la función de esta conexión abrazadera – punta” afirmó Stolarski.

Éste es el motivo por el que se utilizó la misma tecnología para la reconstrucción. Al seguir los indicios que los artesanos de la piedra medievales dejaron en la superficie de la tierra, se reconstruyeron hasta las herramientas de trabajo, como dovelas, lañas y espigas. Gracias a los conocimientos que los artesanos tenían sobre reconstrucción de piedra antigua, se pudieron reinsertar muchos de los bloques empleados originalmente.

A los experimentos extensivos de la LGA sobre análisis y estado del material y cargas, la cantidad de trabajo y técnicas manuales, se añadieron distintos análisis sobre los efectos térmicos del plomo caliente al contacto con la superficie de la piedra tenelija y la influencia de la saturación de las piedras con agua, para que la reconstrucción se llevara a cabo con éxito, tal y como lo habían hecho Mimar Hajrudin y sus trabajadores.

El nuevo puente fue equipado con sensores para suministrar datos sobre tensiones, deformaciones, sobrecargas mecánicas y factores climáticos, de tal forma que en el futuro siga brindando información interesante

Finalmente, el 23 de julio de 2004 fue reinaugurado el puente, ahora como un símbolo muy importante de la reconciliación nacional en Bosnia – Herzegovina. Con él emergió un capítulo de la historia que ahora tiene un significado especial, además de su valor como herencia cultural del mundo: es un monumento y un símbolo de una guerra civil en el mismo corazón de Europa, y expresa la esperanza de un futuro de paz.

Revista 5

Sep-Oct 2008

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