Imagen: posgradostec.info

Lic. Ntc. Raúl Moreno González 

  • Una alimentación sana ayuda a la productividad laboral 
  • No siempre una dieta baja en hidratos de carbono o grasas es la mejor opción. 

 La alimentación es una necesidad fundamental de todo ser vivo y es indispensable que sea satisfecha ya que es fuente de vida, cubre los requerimientos nutricios y mitiga el hambre; también es uno de los factores que más afectan nuestra salud. Al igual que el estrés, los problemas personales y la falta de sueño, los habitos alimentarios influyen en nuestro bienestar. 

Una persona que no recibe los nutrientes necesarios de su dieta, encontrará dificultades para mejorar su calidad de vida, puesto que la capacidad de trabajo irá disminuyendo, tanto en lo que se refiere a lo intelectual, como en lo físico y lo emocional. Algunos síntomas que pueden llegar a presentarse por esta causa son cansancio excesivo, falta de reflejos, falta de interés por las cosas, irritabilidad y depresión; por ello, es muy importante adaptar una sana nutrición sana en nuestra vida cotidiana para mejorar nuestros rendimientos. 

En la actualidad, el estilo de vida está regido por las actividades laborales y ante las largas jornadas en el trabajo y el poco tiempo de que muchas veces disponen para realizar las comidas, los trabajadores han buscado alternativas prácticas para poder satisfacer sus necesidades alimentarias, aunque estas no siempre sean las más recomendables.  

Una jornada larga e intensa, muchas veces “impide” la procuración de alimentos nutritivos y la realización de algún ejercicio físico, lo que en la práctica ha desencadenado grandes problemas de salud pública, como son el incremento de la obesidad, diabetes mellitus tipo 2, dislipidemias y algunas otras enfermedades crónico – degenerativas. 

Por otra parte, hoy día, las empresas de la industria alimentaria se han dado a la tarea de ofertar una mayor cantidad de alimentos que sean agradables y económicos para el bolsillo, aunque nutricionalmente no sean siempre la mejor opción y además, que a la larga, puedan repercutir en un costo mayor.  

Es necesario saber que los requerimientos alimenticios de cada persona varían en función a su edad, sexo y a diferentes factores individuales como son su actividad física, estado de salud y condicionantes socioculturales, y estos nos indican la cantidad de nutrimentos, como lo son los hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas y minerales, necesarios para cada individuo. 

Para que una dieta sea sana, es importante revisar que se esté cumpliendo con las siguientes características de una alimentación correcta: 

Completa: la dieta siempre debe contener todos los grupos de alimentos, estos son  frutas y verduras, cereales, leguminosas – frijoles, habas, lentejas, etc.-  y alimentos de origen animal; ya que no existe un solo alimento o grupo de ellos que nos proporcionen a las personas todos los nutrimentos que requerimos. Por ejemplo, si nuestra dieta se basa en el consumo de cereales, pero no ingerimos frutas y verduras, estaríamos privando a nuestro organismo de todos los nutrimentos que nos podría proporcionar este grupo. 

Equilibrada: todos los nutrimentos deben de guardar una relación en las proporciones adecuadas para cada individuo. No siempre una dieta baja en hidratos de carbono o en grasas es la mejor opción. 

Suficiente: cada persona es diferente, y es por eso que la dieta también debe de ser diferente en cada individuo, se debe de consumir la cantidad de alimentos necesarios según la edad, el sexo, actividad física, estatura y estado fisiológico de la persona. 

Higiénica: todos los alimentos deben de prepararse con la higiene necesaria para que no cause daños a la salud, así que no siempre los taquitos de la esquina pueden ser la mejor alternativa. 

Variada: nuestra alimentación siempre debe de incluir diferentes alimentos en nuestras comidas de los diferentes grupos de alimentos disponibles, de acuerdo a las costumbres y condiciones económicas, además que debe de ser agradable en sabor, color, aroma y textura. 

Algunos consejos para mejorar los hábitos alimentarios son: 

Acostúmbrarse a llevar la comida al trabajo y preparar los alimentos desde una noche anterior, si por cuestión de tiempo no alcanza. 

Elegir alimentos ricos en proteínas y fibra; este tipo de alimentos ayudan a sentirse lleno y controlar los niveles de apetito para no pasarse el día “picando”. 

Probar una fruta o vegetal nuevo cada semana. Si se elige lo mismo por rutina día tras día, puede acabar aburriendo. 

Hidrátarse. Conviene tener agua a la mano para mantenerse sano.  

 

 

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