Puente Lupu

Preparar a una ciudad para un evento de la magnitud de una Exposición Mundial no es cosa fácil. Los franceses, por ejemplo, erigieron en la Ciudad Luz la Torre Eiffel, para conmemorar tanto el centenario de la Revolución Francesa como para dar la bienvenida a los visitantes que asistirían a la Feria Mundial de 1889. Los ingleses, en 1851, decidieron deslumbrar al mundo diseñando y construyendo en Londres el llamado Palacio de Cristal para albergar a los expositores y visitantes de la Gran Exhibición Mundial de las Obras Industriales del Mundo. Si bien es cierto que la organización de tales eventos en el siglo XIX era costosa, también lo es que dejaba pingües beneficios a los países organizadores, no sólo en metálico sino en proyección internacional. Así, la Gran Exhibición de Londres arrojó ganancias, en su equivalente al día de hoy, de más de dieciséis millones de libras esterlinas. Los visitantes no sólo se iban con un buen sabor de boca tras haber contemplado las maravillas que se ofrecían a la vista, sino que también regresaban a sus patrias a relatar lo visto…y quizás a plantar la idea de que un acontecimiento tan magnífico a partir de sus relatos se diera en sus lugares de origen. Tal podría ser el caso de un señor Xu Rong-cun, habitante de Shanghai, quien, habiendo escuchado hablar de la Gran Exposición de Londres, apresuradamente cargó con doce bolsas de seda y partió hacia Inglaterra. El viaje rindió dividendos: la reina Victoria, en persona, otorgó un premio en oro al emprendedor viajero, no se sabe si por la hazaña o por la calidad de sus sedas. Y unos cuarenta y tantos años después, en un tratado que versaba sobre todos los aspectos del gobierno, se sugería que la ciudad de Shanghai era la más adecuada para llevar a cabo una Feria Mundial. La ciudad no dejó de sonar como una sede muy deseable para un evento de ese tipo; funcionarios de la dinastía Qing primero, Sun Yat Sen después hasta Den Xiaoping, el artífice de la nueva China, señalaron a Shanghai como la mejor opción para un evento que ya llevaban acariciando por más de ciento cincuenta años, quizás desde que aquél señor residente de Shanghai regresara a su ciudad con su oro real. Hasta que por fin, en el 2002, la ciudad ganó la sede para ser la anfitriona de la Feria Mundial del 2010. Y quizás la elección de la ciudad china haya sido lógica; hoy en día, las ferias mundiales (o Expos, como se les llama actualmente)ya no buscan tanto el intercambio cultural o la exhibición industrial como consolidar la imagen del país anfitrión ante el mundo. 

Y si de consolidar la imagen de su país se trata, bien puede decirse que los chinos son expertos en el tema. Baste con ver la remodelación que sufrió su capital, Pekín, para la celebración de los Juegos Olímpicos del 2008. La transformación de Shanghai no fue quizás tan drástica como la sufrida por la capital, principalmente porque esta ciudad no ha perdido su prominencia en por lo menos doscientos años. A partir de 1990, y gracias a las reformas económicas de Den Xiaoping, la ciudad se convirtió de nuevo en el epicentro económico de China—que no es que en algún momento hubiera dejado de serlo—, lo que dio lugar a un intenso trabajo de renovación enfocado a hacer de ella la ciudad más importante en tanto finanzas y comercio en Asia, o sea, la joya de la nueva corona china. No es de sorprender que se tuvieran tales expectativas con respecto a la ciudad. El puerto de Shanghai ha sido vital para el comercio y el tráfico entre Oriente y Occidente desde el siglo XIX, y su importancia para el comercio interno en Asia ha sido significativa desde el siglo XVII. La lucha por la estabilidad política en China a partir de la caída de la dinastía Qing y las subsecuentes luchas por el poder no parecieron afectar mayormente a la entidad: Shanghai era la ciudad más grande y más próspera del Lejano Oriente en los años 30’s; y posteriormente, mientras el resto del país se convulsionaba con la hambruna de finales de los cincuentas y los primeros ramalazos de la Revolución Cultural, la ciudad gozaba de relativa calma. Todo esto rindió sus frutos: el nuevo desarrollo de Shanghai se dio de manera muy acelerada gracias a que nunca había perdido el paso. No es de extrañar, pues, que a la hora de pensar en una ciudad emblema, se pensara en la ciudad próspera, pujante y cosmopolita casi por naturaleza que es Shanghai. Y el mejor ejemplo de la materialización de la prosperidad de la ciudad es el distrito financiero de Pudong, donde se conjuntan ejemplos del auge de la construcción de los años 30’s y los más modernos rascacielos que se encuentran al otro lado del río Huangpu, pruebas ambas de la importancia del puerto a lo largo de los años. 

Siendo como es, parte fundamental de la economía y, sobre todo, el rostro moderno y “global” de China, no sorprende que Shanghai aloje un buen número de construcciones que en últimos años han roto récords y son hitos de ingeniería. Está, por ejemplo, el edificio del Centro Financiero Mundial, que en su momento fue el edificio terminado más alto del mundo, o qué decir de la increíble torre de televisión la Perla Oriental. Y otra adición que sirvió de marco para mostrar el maravilloso panorama de Shanghai al mundo durante la Expo Mundial, es el puente Lupu, el segundo puente en arco más grande del mundo. 

El puente tiene un arco de 550 metros y una longitud de 3,900 metros en total; desde su mirador, en la parte más alta del arco, se puede observar buena parte de la ciudad y se tiene una impresionante vista del río Huangpu, el cual atraviesa conectando los distritos de Luwan y Pudong. De las primeras sílabas de los dos distritos unidos por el puente es que éste recibe su nombre, como es ya la costumbre para nombrar a los puentes que cruzan el río Huangpu. Dicen los visitantes que a lo lejos, pareciera que el puente flota sobre el río; esta ilusión óptica se logró pintando los arcos en blanco, por lo que resaltan contra el color del cielo y del río y al atardecer el sol poniente le da un tinte rosado, y el color de los cables se eligió de modo que parezca que se funden con el fondo. 700 toneladas de pintura se emplearon a este fin. 

La construcción dio inicio en el año 2000. Tanto investigadores como autoridades estaban de acuerdo en que se requería un puente nuevo para ayudar al desarrollo de la ciudad: hacía falta conectar la vía que va del norte al sur de la ciudad y hacía falta también une mejor comunicación entre el centro de la ciudad y el aeropuerto. En tanto esto, todos parecían estar de acuerdo. Sin embargo, la elección del diseño fue causa de controversias: estaban quienes afirmaban que un puente en arco de las dimensiones del Lupu no era factible, dado lo poco adecuado que resultaba el blando suelo de las orillas del Huangpu; también estaban los que afirmaban que si se eligió el puente en arco no fue teniendo en mente los aspectos prácticos sino políticos del asunto, y que a la larga un diseño así sería mucho más costoso para los contribuyentes. Una de las razones que dio Lin Yuanpei, el jefe de arquitectos del proyecto, para la elección del puente en arco fue que había que buscar hacer diferente al Lupu de los otros tres puentes ya existentes sobre el río; el arquitecto, artífice también de los otros tres puentes sobre el Hunagpu, afirma que, como los estándares de vida en China habían mejorado para finales de los noventas, no estaba tan fuera de lugar hablar de un puente donde importara a un mismo tiempo la funcionalidad y la estética. Pero se afirma que en realidad el puente en arco fue prácticamente un capricho del entonces alcalde de Shanghai, Chen Liangyu, quien quería a toda costa el puente en arco para así poder tener un récord para su ciudad, cosa que demostró, a ojos de muchos, la superficialidad de las autoridades que no tomaron en cuenta las necesidades reales de la ciudad. A pesar de todo esto, el puente Lupu ha cumplido, en los siete años que lleva en funciones, con su cometido de mejorar el tránsito, y no sólo eso; durante los meses en que se llevó a cabo la Expo Mundial, sirvió, a su vez, para embellecer el panorama de la ciudad y como marco inmejorable al sitio de la misma; desde el mirador del puente, al que se asciende tras una escalada de 367 escalones, se tiene una vista del hoy desierto sitio de la Expo, del distrito de Pudong y de Pixi, el último remanente de distrito industrial dentro de la ciudad.

 

Aparte de haber sido el puente en arco más grande del mundo, el Lupu también es el único puente de acero que está totalmente soldado; para esto, se emplearon más de 600 toneladas de barras de soldadura J507Ni. La única excepción a esto es un par de secciones del medio, unidas por remaches.  También es el puente más complejo en cuanto a tecnología empleada, ya que para su construcción se emplearon tres métodos distintos: el de arco, de suspensión y atirantado. Y para su construcción concurrió el mayor número de maquinaria pesada empleada en una construcción de este tipo. Además del récord, el puente ganó el premio IABSE (Asociación Internacional para la Ingeniería de Puentes y Estructural, por sus siglas en inglés) a la Construcción más Sobresaliente en el año 2008. Como dato curioso, cuando se inauguró el puente, en junio del 2003, Yao Ming, la estrella china del basket ball, corrió al frente del contingente de personas que cruzaron el puente por primera vez. 

Quizás los trescientos dos millones de dólares que costó en total el puente Lupu hayan sido vistos como una exageración por algunos. Para otros más, el puente será visto como un monumento a la vanidad del alcalde que encargó la obra. Lo cierto es que esta obra, completamente concebida y creada en China, ha marcado varios hitos en la ingeniería de puentes y ha marcado un estándar muy alto para los que le siguen. Porque podrá haber puentes más grandes, pero el primero, el que lo hizo posible, siempre será recordado por haber convertido la posibilidad en realidad de acero. Y son pasos como estos, tal vez incluso más que con eventos como la Expo Mundial, como se logra hacer realidad el eslogan de la misma: “Una ciudad mejor, una vida mejor”, pensando y llevando a cabo obras que conjuntan funcionalidad y belleza. 

 PATRICIA RUÍZ ISLAS 

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