Las humanidades y la ingeniería

Ing. Carlos Martín del Castillo 

 

A fines del siglo XVIII aparece por primera vez el nombre de ingeniero civil; hasta entonces solo había ingenieros militares. Actualmente hay millones de ingenieros en todo el mundo, de muy diversas áreas; millones de soldados de la paz. Ni Stalin ni Hitler fueron ingenieros; ni tampoco Bush. 

Ingenieros fueron Pastor Rouaix y Félix Palavicini, autores principales de los artículos 3º y 27º de nuestra Constitución, que estableció por primera vez en la historia los derechos sociales; es decir, el derecho a la educación, el derecho a la salud, el derecho a la vivienda, el derecho a un trabajo justo y bien remunerado. Este conjunto de principios con sentido social y humano es lo que hemos llamado “El humanismo social mexicano”. 

Ingenieros fueron Carlos Ramírez Ulloa, creador de la Comisión Federal de Electricidad; Adolfo Orive Alba, creador de la Secretaría de Recursos Hidráulicos y miles más que de 1926 a 1976 transformaron al país, llenándolo de nuevas ciudades, de obras hidráulicas, carreteras, puertos, aeropuertos, escuelas, hospitales, vivienda. 

Todas ellas obras con sentido social, como lo indica nuestra Constitución, porque ingeniería es aprovechar los recursos para resolver las necesidades del ser humano, realizadas por grupos de trabajo, desde peones hasta ingenieros, todos mexicanos, nunca la labor de un hombre para satisfacer los caprichos de un grupo privilegiado. 

Los campos fundamentales de la ingeniería son: agua, energía, medio ambiente y comunicaciones y transportes; todos importantes para lograr una vida armoniosa del ser humano y todos un verdadero desafío para la humanidad, en este siglo. 

Sin embargo, frecuentemente se ha dicho que el ingeniero es un técnico frío aislado de todos los problemas sociales. Técnico es la persona que realiza la misma actividad en forma repetitiva, con poca o nula creación; la ingeniería es creación y el ingenieros es un profesional porque profesa una actividad y su máximo interés es desempeñarla con eficiencia. 

La formación del ingeniero se basa en el estudio de las ciencias matemáticas, especialmente la geometría, consideradas por algún pensador, no como las más bellas ciencias, sino como la ciencia toda, que desarrollan en le estudiante la capacidad de análisis y la creatividad. 

El estudio de los fenómenos de la naturaleza que es la física, hace que el ingeniero, al dar impulso a su creatividad, siempre ponga los pies en el suelo. La enseñanza de esta asignatura favorece el desarrollo de la inteligencia. 

El estudio de las diversas ramas de la ingeniería y la aplicación de éstas en el proyecto, construcción, operación y mantenimiento de las obras para el pueblo, fortalece su sentido social y humano. 

A partir de 1968, se incluyen materias humanísticas en los planes de estudio de la Facultad de Ingeniería: filosofía, historia, derecho, sociología y ciencias políticas. Esto influye notablemente, pues fortalece la conciencia del estudiante. Un profesional inteligente y consciente es indudablemente un mejor ser humano, que cumplirá mejor su función para con la sociedad.  

En 1839, Andrés Manuel del Río, director del Colegio de Minería, no aceptó la inclusión de materias humanísticas en los programas de estudios, porque ello conduciría a los alumnos a la política, lo que no se podía permitir. Además, afirmaba que no era con el estudio de la ética, sino con el estudio de la geometría como los estudiantes serían mejores seres humanos.  

De alguna forma, esta parece una base de la tesis de Ruy Pérez Tamayo; “… la ciencia es una actividad humanística por excelencia, que en la medida que este postulado se acepte tanto las ciencias como las humanidades se enriquecen; y que en la medida que se rechacen – patrocinando su separación y, lo que no es infrecuente, su alejamiento y hasta su enemistad – todas se empobrecen”. 

Al proyectar una obra hidráulica, una carretera, un puerto o un puente, la ciencia y el arte se hermanan para crear una obra bella funcional. Las obras de ingeniería son el espejo de la historia. 

Durante un viaje reciente, visité en Barcelona un Instituto de Cultura como hay muchos en Europa, integrado por jóvenes, que no pretender estudiar a los clásicos griegos, sino vivir de acuerdo con su pensamiento y observar los valores fundamentales que son los que Universidad da: el bien al estudiar filosofía, la verdad mediante el conocimiento de la ciencia y la belleza al saber apreciar el arte. 

Pienso que es muy importante iniciar en la UNAM programas que vinculen más a las diversas escuelas y facultades que la integran. Al ocupar CU en 1953 se logró el acercamiento físico, pero se ha avanzado en la vinculación intelectual. 

En 1988 se llevó a cabo en la Facultad de Ingeniería un seminario sobre “La Integración del Conocimiento”, en memoria de Javier Barros Sierra, ilustre rector de la Universidad, con la participación de todas las escuelas y facultades de la propia Universidad. El experimento resultó un éxito. 

En ese entonces, como ahora, era importante señalar que la Universidad es cultura, es humanismo, y su función no puede ser otra que la docencia, la investigación y la difusión de la cultura, actividades enmarcadas por la libertad de cátedra y el pluralismo. 

Dice Ortega y Gasset, en su ensayo sobre la Universidad, que el avance de la ciencia en el siglo XVII, y su aplicación en el desarrollo de la tecnología, provocó que las Universidades descuidarán la enseñanza de las humanidades y dieran cada vez más importancia al estudio y la aplicación de las ciencias. Esto provocó la deshumanización de la vida y la proliferación de las guerras; concluye Ortega que, si no se corrige este modo de actuar, este siglo (el XX) va a ser el siglo de la destrucción y el terror. 

Como resultado de esta actitud. “ha proliferado la figura del especialista, que es una persona que sabe mucho de poco y ewl vida actúa como un verdadero salvaje (J. Ortega y Gasset “La Rebelión de las Masas”). 

 Ya Miguel de Unamuno había dicho con anterioridad “…grave sería que algún día el poder político cayera en manos de los especialistas” (política y cultura 1924) 

 Desafortunadamente esto ha sucedido en un mundo que, al finalizar la década de 1970 entregó el poder político a los especialistas, que apoyaron el sistema económico neoliberal, consistente en dejar todo a las fuerzas del mercado, mientras los gobiernos que lo apoyan son débiles espectadores. Llevamos más de 20 años dentro de este deshumanizado sistema económico y el resultado es que no hay ingeniería, no hay crecimiento y cada día aumenta el desempleo y crece el número de pobres en todo el mundo.

El humanismo nace con los griegos, recibe un gran impulso con la figura de Cristo, florece en el renacimiento y adquiere un sentido social en el siglo XIX con Marx. 

También ha existido todo el tiempo el antihumanismo “el hombre como lobo del hombre”. Actualmente lo padecemos en México y lo llamamos canibalismo – todos contra todos –cuya práctica en la primera mitad del siglo XIX llevó a la pérdida de la mitad del territorio nacional. 

En el mundo, un poderoso grupo apoyado por débiles gobiernos encabezados por especialistas, pretenden convencernos de que, para garantizar la paz, hay que hacer una guerra, donde seguramente morirán cientos de miles de inocentes. 

Esto me recuerda un hermosos verso de Fray Luis de León que dice en su última parte “… no quiero ver el ceño, vanamente severo de quien la sangre ensalza o el dinero”. Bush es evidentemente un lobo, tonto pero lobo. 

 La Universidad debe formar cada vez mejores seres humanos, que le den a la política un verdadero sentido humano, como lo plantea Goethe en “Fausto” como el buen uso del poder, que a todos incumbe. 

 Desterrar del planeta la política del poder que inspiró Maquiavelo, instrumentó Richeliu y han aplicado los Estados Unidos muchas veces a través de su historia; recordemos a Dulles, a Kissinger y a la familia Bush. 

 La principal cualidad del ser humano es la creatividad; Fromm dice que la felicidad es la actividad productiva. A partir de 1982 México deja de ser un país creativo para convertirse en un país, gobernado por especialistas que fomentan la especulación. Los ingenieros, (más humanistas que científicos según Hardy Cross en la carta a su hijo) son marginados, aparece la deshumanización, la concentración de la riqueza, el desempleo y la pobreza. 

En la Facultad de Ingeniería debemos continuar con el programa de materias humanísticas y fomentar que en la enseñanza de las ciencias se destaque el valor humano de las mismas, tal vez analizando con profundidad la historia de la ciencia y la tecnología, como obras de l ser humano, y dentro de las humanidades prestar mayor atención al estudio de la ciencia política.  

Esto debe llevarnos a la clara idea de que la política es el buen uso del poder, no es autoritarismo, no es corrupción, es la forma civilizada de resolver todos los problemas del ser humano; decir no a los crímenes de Estado para iniciar el camino hacia una sociedad más justa donde verdaderamente el ser humano “sea el principio y fin de todas las cosas”.  

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